Desafíos para construir democracias solidarias
Uno de los intelectuales más relevantes y convincentes de este tiempo estuvo en Montevideo, días pasados. Noam Chomsky, con 88 años, es uno de los pensadores de izquierda más reconocidos a nivel mundial. Es un lingüista, filósofo y activista estadounidense, que ha tenido influencias en el pensamiento desde hace cincuenta años.
Chomsky es reconocido como un crítico a la política exterior de su país, al capitalismo moderno y a la globalización, pero ha hecho también destacados aportes en la lingüística. En el momento es, además, profesor de Lingüística en el Instituto Tecnológico de Massachusetts.
En su estadía por Uruguay, Chomsky visitó la chacra de José Mujica y Lucía Topolansky. Además, asistió al Quincho de Varela, ya que fue invitado al documental que está realizando una productora mexicana y que tiene como objetivos “reunir a los sabios del norte y del sur” (refiriéndose a Chomsky y Mujica).
Fue inmenso el público que se acercó a conocer y escuchar la conferencia de Chomsky en Uruguay, `Los desafíos para construir democracias solidarias´, en la Intendencia de Montevideo. La charla se inserta en el ciclo de conferencias organizado por la Fundación Líber Seregni y el Frente Amplio (FA), ‘Ser de Izquierda en el SXXI’, una iniciativa del presidente del FA, Javier Miranda.
De importancia mundial
En la conferencia, Chomsky abrió el debate sobre la democracia actual y los riesgos que existen en el planeta. Sostuvo que una guerra mundial con el uso de armas nucleares, así como una catástrofe ambiental (como el calentamiento global), son los peligros más inmanentes que hay hoy en el mundo. Para hacerles frente, según el filósofo, se necesitan democracias fuertes. No obstante, reconoció que «las políticas neoliberalistas generadas en las últimas generaciones han potenciado esta amenaza. Estas políticas excluyen a la población general de participar en el proceso de la creación de políticas».
Agregó que “nunca estuvimos tan cerca de la destrucción total como en la era Trump”. Se refirió a que, al contrario de lo que está sucediendo en el mundo, en Estados Unidos resurgió el boom del petróleo. “Mientras todo el mundo toma acciones para sobrevivir, la nación más rica de la humanidad se dirige con mayor entusiasmo hacia la destrucción definitiva”, dijo. Además, opinó que el problema no es solo Trump, sino que son “todos los líderes republicanos. Cada uno de los candidatos, sin excepción, o negaban el cambio climático o decían que quizás estuviera pasando pero que no había que hacer nada al respecto. Los medios de prensa, incluso los liberales, también siguieron este juego”.
Cuando se abrió el turno de las preguntas, la senadora Constanza Moreira (FA) preguntó: “¿Qué lugar le ve a América Latina para mejorar las perspectivas de supervivencia global?”. El filósofo respondió que América Latina fue la primera víctima en el programa de ajuste estructural que devastó el continente en los 1980 y 1990. Advirtió que América Latina tiene muchos recursos, pero se han utilizado para enriquecer un pequeño sector de gran riqueza. Son problemas “importantes” pero “que se pueden superar”, dijo. “La estructura de clases de América Latina está inclinada. Hay una gran falta de igualdad, una gran concentración de poder”, manifestó.
Obra y pensamiento
Noam Chomsky comenzó su activismo político con la movilización popular contra la Guerra de Vietnam. Es conocido por su crítica al capitalismo moderno y a la política exterior de Estados Unidos.
Su primera obra política fue publicada en 1969, bajo el nombre de ‘El poder americano y los nuevos mandarines’, y se considera una de las publicaciones más convincentes sobre la guerra de Vietnam. En ella, Chomsky hace énfasis en la responsabilidad de los intelectuales en los abusos cometidos por los Estados Unidos. “Los intelectuales y los técnicos de las principales universidades y gobiernos, los nuevos mandarines, son también culpables de los actos atroces cometidos contra los vietnamitas”, afirma.
En su obra ‘Cómo se reparte la tarta’ (1996), e refiere a los medios de comunicación estadounidenses, que promueven las virtudes del neoliberalismo y las ventajas que tiene recortar los gastos sociales en el nombre del libre mercado. El intelectual afirma que el libre mercado es engañoso: lo que se aplica en realidad es una dualidad que, mientras que impone disciplina de mercado para los pobres, genera subsidios y protección estatal para los ricos. A lo largo de sus obras, expone que la globalización es una nueva forma de imperialismo, que no sirve a los ciudadanos sino a una pequeña oligarquía.
Elisa Romego

