INFORME ESPECIAL: Diversas repercusiones ante la muerte del líder cubano Fidel Castro

 Un retrato a varias voces

 

La muerte de Fidel Castro, ocurrida el pasado viernes 25 de noviembre en La Habana, constituye un verdadero hito mundial. Muchos han visto, a través del fallecimiento del mítico líder de la revolución cubana, el final definitivo del siglo XX; otros han relativizado la noticia en función del natural distanciamiento que el legendario dirigente había adoptado de la actividad, de un tiempo a esta parte.

Mientras Cuba y una parte importante del mundo lo despide, HOY CANELONES armó un retrato de Fidel Castro a varias voces. En los siguientes testimonios aparecen los recuerdos personales y los mojones históricos, los elementos de su legado y su proyección sobre la Humanidad.

M.A.B.

Alfredo Fernández Sande

Docente, músico

Nací el mismo año en que la Revolución Cubana llegaba al poder, por lo que conozco la etapa previa únicamente por lo que he podido leer e informarme. Del gran Martí, del taquígrafo Fulgencio y sus secuaces, de una Constitución tutelada por USA bajo la enmienda Platt, de la ‘Isla Garito’, de los niveles de pobreza y hambre. De cómo el pueblo casi entero abrazó esa Revolución, y que en su gran mayoría siguió y sigue apoyando y defendiendo.

¿Que Fidel no genera unanimidades? Y, la verdad que no. Muy pocos revolucionarios lo logran, si es que hay alguno. Si no, pregúntenle a nuestro gran Artigas.

¿Que cometió errores? Ni él, aunque algunos se esfuercen en querer demostrarlo, es perfecto.

¿Que hubo gente que se tuvo que ir como pudo de una isla en crisis? Sí, como todo en los países de una Latinoamérica devastada y atacada.

¿Que demoró treinta años en dejar de condenar a la homosexualidad? Muchos de sus detractores llevan más de dos mil sin aceptarla.

¿Que quiso exportar la Revolución? Por supuesto, pero nunca antes que la ‘Alianza para el Progreso’ nos indicara lo que teníamos que hacer en materia política, disfrazada de cooperación internacional.

Y podríamos seguir.

Se lo compara a un Quijote, a un David contra Goliat, y otros ejemplos más.

Pero en el futuro, cuando se quiera destacar a una persona que logra grandes metas en materia de Educación, de Salud, de Solidaridad, y que posea tantas otras virtudes, entre ellas no temerle a los más grandes, se lo va a comparar con Fidel. Porque no tengo la menor duda de que la Historia lo absolverá.

Fredy González

Periodista

‘Al pueblo hay que alertarlo contra el exceso de optimismo’, advertía Fidel en su debutante discurso al frente del gobierno revolucionario, un primer sinceramiento de autodefensa civil que marcó la cancha por lo que vendría y sigue.

Diestro manejador de sus propias contradicciones, el abogado clasista de la Nueva Trova comenzó con los suyos a hacer sin preanunciar y ese empobrecido pueblo que baila rumba y juega al béisbol empezó a recibir los beneficios otorgados por la revolución hermética, así en salud como en educación, en trabajo como en cultura, en tarjetas de víveres mensuales como en la vida diaria muy puertas adentro por el bloqueo yanqui.

El enorme estadista del partido y la longevidad inédita logró lo que se pudo, y no se pudo poco, elevando a Cuba a la condición de país modelo para armar por todos sus sucedáneos devenidos en reformistas que a fórceps mantienen una libertad de prensa condicionada por los avisos oficiales. Y el del 26, nacido en el 26, ahora vino a morirse a pocas millas del imperio, dejándonos a todos en la orfandad por lo que vendrá cuando las millas se estrechen y los calefones made in Usa flanqueen en las vidrieras muy por delante de la efigie del médico argentino.

Tabaré Petronio Arapí

Músico y docente

Desde mi adolescencia lo vi como un gran líder revolucionario. Luego lo estudié como un gran pensador del siglo XX que hizo repensar al mundo sobre educación, salud, cultura, dignidad, soberanía, autodeterminación de los pueblos.

Querido por los humildes y odiado por los poderosos, cambió el curso de la historia del mundo. Por eso la Historia lo absolvió.

Claudio Serrés

Comunicador

Se fue el último revolucionario. Un orador nato y muy inteligente para dirigirse a las masas. En el acuerdo o la discrepancia, no se puede negar que hay un antes y un después de Fidel Castro.

Fernández de Palleja

Escritor y docente

Fidel Castro se murió

cumplidos noventa años,

a nadie resulta extraño

lo que su barba gestó,

junto a otros él parió

la revolución cubana

y lo que de ella emana,

muchas cosas que se hicieron

en los tiempos que vinieron

se consideran hermanas.

 

Lo usaron de referente

muchas mentes juveniles

en los sesenta febriles,

lo idolatró mucha gente,

quién sabe si es conveniente

admirar sin entender

y defender sin saber

qué es lo que pasa de veras

porque si allá es primavera

acá es un atardecer.

 

Se le anotan varios puntos:

educación y salud

y le tienen gratitud,

también le apuntan difuntos

que con él no andaban juntos

y tiene el logro gigante

de siempre seguir adelante

sin que nada le importara,

sin que nada lo apartara

de su reinado constante.

 

Un montón de presidentes

de los Estados Unidos

con sus servicios reunidos

fueron muy ineficientes

en la labor siempre urgente

de asesinarlo a Fidel,

nunca pudieron con él,

murió en el tiempo de Obama,

quien sí pudo con Osama,

ahora todo es de papel.

 

Hablarán siempre sus restos,

su esencia desintegrada,

sus electrones, su nada,

siempre haciendo muchos gestos

en su discurseo enhiesto,

no se va a callar jamás,

se extenderá más y más,

en su tiempo se mataba

pero primero te hablaban,

escuchame y te callás.

 

Olga Traba

Escritora y fotógrafa

Me contaron que con unos pocos hombres habías logrado vencer a un dictador y te convertiste en mi héroe vivo. Luego, los dueños de la fábrica de azúcar dijeron que ibas a quitarles los niños a sus padres y echárselos a los caimanes, pero te escuché en la radio y me gustó tu voz, que entendía mejor que la lengua estropajosa de los yanquis, y supe que no era cierto.

Aprendí a leer y el mundo se fue ensanchando. Pude conocer lo que sucedía en nuestra América y tu figura se agigantó, igual que la bronca que siento por cualquier forma de opresión. Vimos como el gigante atrevido del norte sembraba dictadura y muerte en todo el continente y seguías ahí, molestando, resistiendo y siempre al frente de tu pueblo solidario y alegre. Molesto como un tábano. Para mí, símbolo del poder de los débiles, eras las esperanza, el futuro. Mientras leía ‘Acción’, que se compraba religiosamente en casa, ‘Época’, ‘El Sol’, ‘Bohemia’ y otras que no sé de qué modo llegaban a nuestro hogar, tu nombre fue creciendo y pasaste de ser héroe a hombre de carne y hueso, con poder.

La gran figura política de un siglo que se nos fue, y entraste al siglo XXI todavía con todas las energías, y pesar de tus detractores, de tus errores, de tu humanidad, seguiste y seguirás siendo uno de las personas que más aportes ha hecho a nuestra América. Porque como decía otro grande cubano: ‘Al corazón hay que ponerle alas y no anclas’.

Chelín Cabrera

Docente

La muerte de Fidel es para mí la confirmación de que es y será una presencia viva, en vez de una ausencia. Puedo decir que no tuve la oportunidad de leerle o que mis profesores hablaran sobre él, porque la represión propia del gobierno de facto y la clase popular nos podían llevar a la cárcel o a la muerte. A modo de ejemplo, un retrato gris y pequeño de él podía desencadenar un operativo de las Fuerzas Armadas. Qué decir si hoy preguntan por ahí el significado del cimiento del Partido Oficial de gobierno. No me siento confundida, solo sé que no puedo perdonar los quince años en que hablar de Fidel y sus luchas fueron prohibidas oficialmente y formalmente en las instituciones todas, en la charla en el barrio, cuando instalaron el miedo.

Sostengo con mi corazón y con mis manos todo el peso y el amor de esa sangre que se ha derramado, por causas revolucionarias y principalmente de soberanía. Le pregunto a este partido de gobierno qué queda de Fidel en este país. Pido Verdad, Justicia y Castigo a los culpables de las muertes y desapariciones.

Hablar de Fidel en este contexto sociopolítico cultural no resulta ser un hecho acertado emocionalmente. El espiral de interrogantes desencadena fuerzas: centrifuga y centrípeta. Fidel no murió, instaló dos conceptos: soberanía y autonomía (antiimperialismo). Esas fuerzas aceleran y dan la energía propia de las Ciencias Físicas, pero sobre todo el poder del corazón; el que cada vez debe endurecerse y tiernizarse en el pueblo, en este caso, el pueblo uruguayo.

Wilson Falero

Poeta y pintor

Rosario Alvarez nació en los campos de Colonia. Nunca supo quién fue su padre. Todos los hermanos eran Alvarez, el apellido de su madre Valentina. De chica una familia ‘pudiente’ le llevó a la casa para bautizarla y enviarle a la escuela. No tuvo bautismo y menos pisó la escuela. Fue analfabeta. Pero preguntaba, aprendía y discutía.

Un carnaval llegó al pueblo y se quedó. Comenzó a tener hijos. Para vivir se hizo herrera. Seguía preguntando, aprendiendo y discutiendo. Se hizo del Partido Colorado. Batllista, aclaraba ella. A fines de los 50 y comienzos de los 60, por los pagos de La Paz y Las Piedras, hablaba en locales partidarios. Seguía al Dr. Vasconcellos. Para estar enterada le pedía a su nieto, un escolar, que le leyera.

Un día cayó a su casa la revista ‘Bohemia’, una revista cubana. Allí hablaba del tiempo revolucionario que allí se vivía. Ella siguió preguntando y discutiendo. Un día dijo: ‘Estos, a la gente como yo, que somos brutos, les enseñaron a leer y escribir. Y los médicos los atienden. Aparte les dan un arma para defenderse entre todos’. Y se declaró Fidelista.

Rosario Álvarez, mi abuela, murió en 1985. Había aprendido a firmar y quería aprender más. Un carnaval llegó a entender todo el asunto de la Guerra Fría.

Marcelo Aguilar

Periodista

Supongo, a esta altura, que me enteré de la existencia de Fidel en la casa de mi tío. Recuerdo, más que nada, su ‘¡Viva Fidel!’. Los uniformes militares nunca me cayeron muy en gracia, pero me decían que este era amigo de los pobres. Años después, en Cuba, una señora canosa, arrugadísima, me dijo que durante el Período Especial -la durísima crisis que golpeó a la isla durante los años 90, tras la caída de la URSS y el recrudecimiento del bloqueo norteamericano-, llegó a comer trapo de piso frito, cual carne. Esa misma señora me dijo que como Fidel no había.

*

Por aquellos días en que estuve en Cuba, en mi facultad creíamos que no había nada para filmar, que había una cámara para mucha gente, que eran una porquería. Creíamos de tantas veces que lo habíamos oído. Y yo todavía no había filmado nada. En la Universidad de La Habana, los que en aquel momento estudiaban lo mismo, sin decir mucha cosa nos sentaron en un teatro -pequeño pero hermoso, lleno de posters de Santiago Álvarez- a ver cortos que habían filmado ellos. Recuerdo la vergüenza que sentí cuando salimos. Les preguntamos que qué cámaras usaban, qué cuántas cámaras. Y nos dijeron que tenían una para todos.

*

Una tarde caminamos casi todo el Malecón con Ismael. Veterano de la revolución. Amable hasta los huesos.

-¿Estás seguro? ¿No te cansarás?-, le pregunté, inocente.

-M´hijo, ¿sabe cuántos kilómetros nos hacía caminar Fidel por día? Ochenta.

Uno de esos días, caminábamos por La Habana vieja, entre una marea de turistas y vendedores, insoportables ambos. Me quedé atrás no recuerdo por qué. Cuando alcancé a mis amigos, salían felices de un almacén. Había costado caro pero era una buena acción: se les había acercado una mujer llorando, al borde del desespero, diciendo que por favor la ayudaran. Que no quería plata. Que le compraran la leche para sus hijos, en este almacén, y que vean que yo la compro y ustedes la pagan. Cuando le contamos a Ismael, sonrió levemente, con esa sonrisa de quien ya las vio casi todas. Muchachos, lamento amargarles la buena acción del día, pero esa es una vieja redada para turistas. Le devuelve la leche y se queda la plata.

*

En aquel momento Fidel vivía. Ya lo habían matado tantas veces en la televisión que era increíble que siguiera vivo, pero ahí estaba. Ahora se murió de verdad. Ahora es ceniza y lo despidieron en todo el mundo. Pero me imagino que personas como él no mueren. Y hasta sus detractores más furiosos podrán entenderlo.

Fidel, junto a tantos otros hombres y mujeres, nunca perteneció al grupo de los que la miran pasar. Hizo y hace. Hizo, junto a ese grupo, que desapareciera el analfabetismo de Cuba. Que la salud sea gratuita, universal y de altísima calidad. Envío brigadas solidarias a muchísimos países, contribuyó con el fin del apartheid, colaboró con los movimientos independentistas e insurgentes en varios países de América, África y Asia. Inspiró a la mayoría de los que quisieron una sociedad más justa en todo el mundo. Pero también se convirtió en un incuestionable, persiguió a antiguos compañeros de revolución, a opositores y homosexuales. Lideró un régimen de partido único asediado por la burocracia y los recortes de las libertades. Hizo que Estados Unidos intentara matarlo más de 600 veces. Hace, después de muerto, que cubanos que se fueron bailen de alegría en las calles de Miami, desde donde siempre quisieron tumbarlo a cualquier costo. Hace que en las calles de La Habana lo lloren y despidan millones.

Graciela Peraza

Educadora

Cuando HOY CANELONES me invitó a escribir unas líneas con motivo de la muerte de Fidel Castro Ruz, lo primero que pensé fue “nunca voy a encontrar las palabras que expresen este sentir que me invade, que describan brevemente lo que fue y será para el pueblo cubano y el mundo o mejor dicho desde el pueblo cubano al mundo.”

Por otro lado, me pregunté cómo llamarlo. ¿Fidel o Comandante? Porque por un lado es ese ser íntimo, es ese ser entrañable, ese padre; por momentos siento que hemos transitado codo a codo, porque ha estado en la esencia de nuestras luchas, de las luchas antimperialistas y humanitarias de toda Latinoamérica y el mundo. Pero somos conscientes también que si no fuera Comandante de este gran ejército que trasciende las fronteras de la Isla para pensar un mundo-patria mejor, hubiera sido imposible sin su presencia, sin ese hilo fuerte y necesario desde el que se tejió la red.

Cambió el fusil por la idea, sembró el mundo de brigadistas: alfabetizadores, médicos y tantas legiones de ayuda humanitaria que no se lo perdonan, sobre todo en esos lugares que la salud y la educación es una mercancía, sobre todo los que ponen bombas en manos de los jóvenes en vez de lápices, libros y sueños.

Y hoy todos opinamos, con esa vieja costumbre uruguaya y nuevo pseudopoder que dan las redes; queremos poner a las personas dentro de una palabra: tirano, héroe, dictador, leyenda. Y las palabras son demasiado estrechas, sobre todo para una personalidad como la de Fidel. Porque cabe en muchas y en ninguna. Y es muchas y no se salva de agravios porque hace, y dice, y hace lo que dice y molesta al imperio… el imperio manda en este planeta capitalista y a otros hasta les queda grande y sólo siguen siendo colonias que, en vez de querer liberarse de su hegemonía, quieren parecerse a él y mueren en el intento. Otro eligió el camino más difícil, el de plantarse y optar por su gente, y fue tan profundo el cambio que teniendo al gigante allí, a unas millas, se mantuvo erguido por tantas décadas y decide partir de viejo y con todos los honores.

Hoy siento la necesidad imperiosa de debatir los conceptos más profundos de Democracia, Dictadura, Libertad, Necesidades Básicas, Derechos… pero llenarlos de contextos. Hoy tengo una percepción antigua que renace. Y anda Fidel en la vuelta, por acá, más que nunca, dividiendo al mundo en dos bloques nuevamente, despertando conciencias adormecidas, mientras toda Cuba sale a la calle a despedirlo.

Federico López Romanelli

Investigador en Paleontología y Arqueología, fotógrafo

Quiero hablar de Fidel de verdad, quiero hablar del hombre que aportó más reflexión ideológica a la izquierda y al progresismo mundial en los últimos cincuenta años y eso no es posible discutirlo con la derecha, sí con los progresistas de todos los partidos, porque hay cosas que nunca serán discutibles, porque no hablamos de lo mismo, porque nadie de derecha será mínimamente objetivo sobre quien cuestiona sus entrañas. Sería como pedirle a un pez que se cuestione el hecho de vivir en el agua, casi como trascender el determinismo Darwiniano, porque se mira según convenga o, mejor dicho, desde prejuicios ya establecidos que no permiten ver más allá de ellos, por supuesto otros, tras falsos argumentos esconden lo que tendrían que asumir, la profunda brecha ideológica de la derecha con la izquierda, la profunda distancia entre el capitalismo y el socialismo, a pesar de los nuevos partidos (capítulo aparte) que dicen que no son ni de derecha ni de izquierda, y representan claramente los nuevos profetas de la ideología de no tener ideología, capitalistas ‘puros’ o, mejor dicho, los Big Mac de la ideología, aquellos que piensan que la libertad se consigue en un supermercado, aquellos que piensan que ser libres es igual a poder consumir.

Y aquí encontramos una de las grandes virtudes de Fidel: planteó nuevos paradigmas a los que se enfrenta la humanidad toda, marcando claramente los desafíos a los que nos enfrentamos, entendiendo el consumismo como la etapa superior del capitalismo.

Entonces, pues, hablar hoy de Fidel, reflexionar sobre él, es hacer un gran llamado a la izquierda (en su más amplia expresión) a pensar y pensarse. Fidel marcó rumbos en el pasado, en el presente, pero por sobre todas las cosas para el futuro no muy lejano. Creo firmemente que su muerte hay que transformarla en una gran oportunidad para revisar los rumbos y para fortalecer lo ideológico.

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Un sonriente Fidel Castro en la Universidad de Columbia, el 22 de abril de 1959, durante su viaje a Estados Unidos.
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Un encuentro histórico: en setiembre de 2015, el Papa Francisco visitó a Fidel Castro en La Habana.
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Fidel Castro junto a José Mujica, durante la visita que le realizara el entonces presidente uruguayo, en el año 2014.