Con Carlos Vignola, en los veinte años de la Asociación de Artistas y Artesanos de Canelones

Hace veinte años, los artistas canarios se dieron cuenta que eran un montón y decidieron asociarse. Fue durante una muestra de arte de la ciudad llamada ‘Canelones De-muestra’, en el año 1996. Carlos Vignola, reconocido artesano de la capital departamental, que entonces contaba con 64 años, asistió a esa exposición. Hoy, a los 84, continúa en la Asociación con las mismas ganas de trabajar de dos décadas atrás. HOY CANELONES visitó el taller de Vignola y charló con él sobre su arte y sobre la historia de la Asociación de Artistas y Artesanos de Canelones.

 

Carlos Vignola en su taller.
Carlos Vignola en su taller.

Vignola se define como un artista “de toda la vida” y tiene varios recuerdos en su taller. Entre tallados en madera de lubolos tocando el tambor, cuadros de personajes destacados, como John Lennon o Charles Chaplin, pueden observarse, también, algunos trabajos en conjunto con integrantes del grupo y varias obras que expuso para muestras del colectivo. Emocionado y con algunos ejemplares históricos e diarios, cuyas noticias van desde la fundación de la Asociación hasta varios homenajes que les hicieron a sus miembros, Vignola recuerda varias anécdotas del grupo.

 

Días de lucha

Vignola recuerda los comienzos de la Asociación como algo masivo. “Empezamos en el 96 y éramos un montón, más de sesenta. De los fundadores ya ninguno permanece como socio, solo yo, pero siguen aportando al grupo de alguna manera, con alguna obra”, cuenta. Recuerda los nombres se algunos fundadores, importantísimos para la consolidación del grupo, tales como Ángel ‘Lito’ Saibene, Rosario Rodríguez, Heber Altieri, Juan Benítez “y el querido Juan Santurio”.

Después de la creación del grupo, comenzaron las luchas para reclamar algunos de los derechos que una asociación de artistas merece. “En 1998 obtuvimos nuestra personería jurídica, luego de insistir muchísimo, de ir varias veces a Montevideo, llevando documentación al Ministerio de Educación y Cultura”, cuenta.

 

Don Santurio

Vignola repite varias veces el nombre de Juan y dice que hay que tenerlo presente siempre. “Era un hombre muy querido y trabajó mucho para la Asociación. Hoy nos falta”, comenta. Juan Santurio fue un artesano y un concertista de guitarra clásica. “Antes de morir le hicimos varios homenajes y lo nombramos socio honorario. Recuerdo que en el 2001 vino Ruperto Long, que lo apreciaba mucho”, sostiene.

Long, ex candidato a intendente de Montevideo y actual ministro del Tribunal de Cuentas de la República, tuvo un vínculo muy estrecho con Santurio. Fue alumno suyo de guitarra cuando el ministro era un niño. “Llame a Ruperto y me dijo: ‘Voy de cualquier manera’”, recuerda Vignola.

La historia que une a Long con Santurio da cuenta de los segundos oficios que deben tener los artistas para sobrellevar su economía. “Juan trabajaba en AFE, era cuadrillero. En una oportunidad cautivó a todo el personal de la estación con su guitarra. Una señora, perteneciente a la directiva de AFE, le dijo que con esas manaos no podía trabajar en las vías. Lo contrató para la parte de las oficinas y le pidió que le diera clases a su hijo, Ruperto Long”, explica Vignola.

Santurio
Una obra de Juan Santurio que Carlos Vignola atesora en su taller.

Un lugar para mostrar

Durante estas dos décadas, la Asociación de Artistas y Artesanos se ganó el respeto y el apoyo del pueblo canario. Participaron en comisiones, expusieron en todas las salas de la ciudad y en varias de otros departamentos, brindaron talleres a escuelas y hasta participaron en el pericón más grande del mundo, realizado en el año 2008. Sin embargo, en estos veinte años han luchado “hasta el cansancio” para obtener un lugar propio. “Nos prometieron muchos lugares en estos años pero no nos han dado nada y ya estamos cansados”, indica Vignola. “Queremos un lugar para exponer lo que hacemos para enseñarle a los niños como se pinta”, agrega.

Juan Santurio, el concertista que trabajaba en la vía, no es un ejemplo aislado de los artistas que deben tener otro trabajo para sobrevivir. Ninguno de los artistas y artesanos que conforman la Asociación vive del arte. “Del arte no se puede vivir, todos los artistas de la Asociación hacemos esto porque nos gusta. Yo doy talleres, fui artesano toda la vida, pero con esto solo nunca me alcanzó”, afirma Vignola.

Hoy en día, la Asociación cuenta con quince socios que exponen y participan de varias actividades en la ciudad. Hace poco hicieron una actividad en conjunto con las escuelas Nº 101 y Nº 102. Enseñaron a los niños a pintar e hicieron obras de arte con ellos. Hasta el 30 de noviembre exponen en la Sala Lumière, en el marco de los veinte años.

Fernando Guerrero