“Para elogiar a un prócer se dice ‘Detrás de todo gran hombre hubo una mujer’, reduciendo a la mujer a la triste condición de respaldo de silla. Hoy voy a contarles, a mi modo y manera, algunas historias de mujeres que no siempre coinciden con este identikit”, dijo años atrás Eduardo Galeano en el ciclo televisivo llamado ‘La vida según Galeano’.
A través de la primera entrega de este especial de HOY CANELONES, en el Mes de la Mujer, compartiremos diferentes experiencias de mujeres canarias, de distintas profesiones y quehaceres, que forman parte de la historia local.
En esta ocasión, conocemos la historia de Marianna Finno, directora y maestra rural de la Escuela Nº 62 ‘Blanca Rosa Guarnerio’, de Echeverría. También participó como coordinadora del programa de ‘Pruebas de acreditación del aprendizaje por experiencia’, dirigido a personas jóvenes y adultas que por distintas razones no pudieron terminar el ciclo de educación primaria.
Las maestras
De acuerdo al último Informe Estadístico de Género Uruguayo, realizado en 2013 (elaborado por UNFPA, Inmujeres y el MIDES), las mayores diferencias entre varones y mujeres (en lo que respecta a educación) se registran en Magisterio o Profesorado, con un claro predominio femenino. En esta línea, Marianna dice que “la mayor trayectoria que hemos tenido ha sido al lado de las compañeras mujeres. Hemos tenido también compañeros varones. Es necesario que esté también la figura masculina. La impronta que presenta un maestro varón desde el arranque es diferente. Al no tener representantes masculinos, las mujeres hemos aprendido a ser maestras, siendo a la vez mujeres y varones, en este género único con el que convivimos”.
Como excusa
Esta semana se recordó el Día Internacional de La Mujer. Marianna dice que todos los años se toma como excusa el 8 de marzo para trabajarlo en las clases, pero que la idea es continuarlo durante el año.
“A mí me interesa destacar la figura de la mujer, pero no como separada del hombre sino como complemento el uno del otro”, dice. “La propuesta que les hice este año fue acerca de qué mujeres destacadas reconocían de Uruguay. Curiosamente, el grupo no reconocía ninguna mujer uruguaya. Nombraron a las mujeres de la vecina orilla, del espectáculo, del mundo. Pero no del Uruguay. Tomamos la Ceibalita y buscamos mujeres destacadas de Uruguay. Descubrimos a las deportistas, a las cantantes, actrices, escritoras, maestras, artistas. El ejercicio dejó una gran satisfacción”, agrega.
Por otra parte, Marianna menciona que en este momento, en la escuela de la que ella es directora, se están viendo muchos más padres con los hijos. “La figura de la mujer, lentamente, está como escapando un poquito a los estereotipos. Antes se esperaba que la mujer estuviera siempre en casa, pero no es solo a través del trabajo que se marca la independencia. Ahora se dan más casos en los que los padres se acercan más, respetando las sugerencias que hacemos como profesionales”, cuenta.
Vocación temprana
Marianna decidió ser maestra cuando era adolescente y cursaba el liceo. “Pensé que era mi camino a seguir, tal vez porque era lo más accesible que tenemos en la ciudad. Yo vivía en una zona rural y hoy, después de 26 años, descubro que es el camino que volvería a tomar de nuevo”, afirma.
La mayor parte de su experiencia laboral ha sido en escuelas rurales. “Tuve incursiones en la escuela urbana y ahí me di cuenta de que mi lugar estaba en el medio rural”, dice. En este sentido, la docente explica que “me di cuenta porqué sentía que no pertenecía al medio urbano y porqué siento que potencio los espacios rurales. Vivo en ellos desde que nací”.
Con respecto a las diferencias entre una escuela rural y una urbana, Marianna afirma que las instituciones escolares que están más alejadas de las ciudades tienen una población más reducida, “entonces se puede llegar más personalmente o particularmente a los niños, para que podamos hacer una convivencia y una interrelación positiva para todos. Los tiempos no tienen ese ‘Ya, ya, ya‘ característico de lo urbano”.
Camino que se hace al andar
Consultada sobre cómo se hace desde la educación para fomentar la igualdad de género, Marianna subraya que es un camino que se construye. “Que nos reconozcan no es algo que se tenga que pedir. Es algo que se construye con el día a día, empezando por quitar los estereotipos que vienen desde las culturas ancestrales. Un ejemplo es que muchas veces te reconocen por ser ‘la esposa de tal hombre’. Cuando me dicen eso yo contesto: ‘No soy de nadie. Ni yo ni ninguna compañera’”, dice. “Queremos ser reconocidas por lo que hacemos. Para eso, uno tiene que marcar presencia en lo diario y en lo profesional, no tiene que ser la copia de otra persona. Tenemos que ser auténticos en lo que queremos defender y mostrarnos tal cual somos”, finaliza diciendo.
Elisa Romego


