{"id":63174,"date":"2025-06-07T12:14:22","date_gmt":"2025-06-07T15:14:22","guid":{"rendered":"https:\/\/hoycanelones.com.uy\/?p=63174"},"modified":"2025-06-07T12:17:48","modified_gmt":"2025-06-07T15:17:48","slug":"el-prusiano-que-me-enseno-a-andar-un-relato-de-edith-steiner","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/hoycanelones.com.uy\/?p=63174","title":{"rendered":"El prusiano que me ense\u00f1\u00f3 a andar"},"content":{"rendered":"<hr \/>\n<p><em><span style=\"font-size: 14pt;\">Ambientes, colores y sabores atraviesan este relato de Edith Steiner, que compartimos con nuestros lectores en dos entregas. La geograf\u00eda cercana a la ciudad de Canelones le aporta el marco local a la historia.\u00a0<\/span> <\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: right;\"><span style=\"font-family: helvetica, arial, sans-serif;\">Escribe: <strong>Edith Steiner<\/strong><\/span><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-full wp-image-63175\" src=\"https:\/\/hoycanelones.com.uy\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/Margat-W.jpg\" alt=\"\" width=\"584\" height=\"789\" srcset=\"https:\/\/hoycanelones.com.uy\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/Margat-W.jpg 584w, https:\/\/hoycanelones.com.uy\/wp-content\/uploads\/2025\/06\/Margat-W-222x300.jpg 222w\" sizes=\"auto, (max-width: 584px) 100vw, 584px\" \/><\/p>\n<p><span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Hasta los nueve a\u00f1os viv\u00ed con mi familia en el campo, y cuando digo campo me refiero a una pradera verde, extensa, donde no hab\u00eda otra vida humana cercana m\u00e1s que mi familia y los trabajadores.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Hab\u00eda nacido en Montevideo, y con tres d\u00edas de vida, en los brazos de mi madrina \u2014pues mi madre a\u00fan no estaba recuperada\u2014 llegu\u00e9 a Margat, una zona del departamento de Canelones, situada a mitad de camino entre dos ciudades: Santa Luc\u00eda y Canelones.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Margat, para\u00edso verde, debe su nombre a un naturalista que hab\u00eda llegado al Uruguay en 1832, con treinta y dos a\u00f1os, Pierre Antoine Margat, con una maleta cargada de semillas ex\u00f3ticas.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">La zona hab\u00eda prosperado a partir de una estaci\u00f3n de trenes del mismo nombre, relativamente pr\u00f3xima a nuestra vivienda. Esto nos permiti\u00f3, cuando crec\u00ed con mis hermanos y primos ya adolescentes, hacer excursiones con cierta frecuencia a las ciudades vecinas por la tarde o por todo el d\u00eda. La estaci\u00f3n fue abandonada y sustituida por una l\u00ednea de autobuses, y qued\u00f3 como recuerdo el edificio de la estaci\u00f3n como patrimonio hist\u00f3rico, con un curioso texto escrito en una pared, firmado por un gran cient\u00edfico, filosofo y pedagogo uruguayo, el Profesor Clemente Estable que hab\u00eda nacido en la zona. Dice as\u00ed: \u201cBello lugar, Margat. Limpio, culto, ordenado. Que no se pierda el alma de Margat\u201d.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">El lugar del que hablo se encuentra en la cuenca del r\u00edo Santa Luc\u00eda y sus afluentes, el Canel\u00f3n Grande y el Canel\u00f3n Chico, donde est\u00e1bamos precisamente nosotros: un sitio h\u00famedo, muy verde, que durante las lluvias invernales se inundaba con frecuencia ante la aflicci\u00f3n de mi padre que ve\u00eda arruinar sus cosechas.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Pierre Antoine Margat introdujo en la zona especies que son hoy muy conocidas, como el eucaliptus, originario de Australia, el \u00e1lamo negro del norte de \u00c1frica y Europa, montes de caquis, magnolias o camelias, especies que perduran a\u00fan. Estas especies alternan con especies aut\u00f3ctonas como el mburucuy\u00e1, planta trepadora con flores azules y frutos dulces anaranjados por fuera y rojos por dentro o el mburucuy\u00e1 blanco o el ceibo, un \u00e1rbol que florece en la primavera y el verano cubri\u00e9ndose de flores rojas, dando un magn\u00edfico espect\u00e1culo o la cola de zorro con penachos blancos y dorados entre otros.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">En la actualidad, el paisaje est\u00e1 cambiando con la construcci\u00f3n de una nueva l\u00ednea de tren y la amenaza de proyectos agr\u00edcolas e industriales, que deterioran la zona y la calidad del agua.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Lamentablemente, cuando viv\u00eda all\u00ed era incapaz de apreciar la belleza del lugar, y siendo adolescente, agobiado por las inundaciones, mi padre decidi\u00f3 cambiarse de lugar y se traslad\u00f3 a un lugar m\u00e1s pr\u00f3ximo a Montevideo llamado Sauce. Nunca le pregunt\u00e9 a mi padre la raz\u00f3n de por qu\u00e9 acab\u00f3 en Margat a\u00f1os antes de que yo naciera, pero supongo que, dado su personalidad perfeccionista y sus conocimientos, pudo valorar la riqueza de aquellos bosques y praderas. En tal caso, conoc\u00eda bien las t\u00e9cnicas agr\u00edcolas y ganaderas desde su infancia, dado que su padre, o sea mi abuelo, hab\u00eda sido agricultor en su pa\u00eds, la Chequia actual, y hab\u00eda emigrado a Uruguay buscando mejor clima y quiz\u00e1s mejor fortuna.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">En su pa\u00eds, en los inviernos, la temperatura pod\u00eda llegar a treinta grados bajo cero por meses, durante los cuales casi no sal\u00edan de la casa, y para mantenerse se ve\u00edan obligados a trabajar intensamente en el verano y acumular los alimentos necesarios para la temporada fr\u00eda, tanto para los animales como para la familia. Una vida sacrificada y casi sin gratificaciones.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Mi abuelo, en muchas oportunidades de su vida, coment\u00f3 estar muy satisfecho de haber emigrado al Uruguay y le trasmiti\u00f3 tanto a su hijo como a toda su familia los conocimientos y las t\u00e9cnicas necesarias para trabajar el campo y mantener una buena ganader\u00eda.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Durante toda su vida laboral mi padre concili\u00f3 su trabajo en el campo con el de Montevideo, en una empresa de productos l\u00e1cteos, y cuando se traslad\u00f3 a la capital hac\u00eda el camino inverso.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">A pesar de estas dificultades lograba \u00e9xitos no habituales con su ganader\u00eda, pues la dedicaci\u00f3n a ella era exhaustiva y permanente. Estudiaba el pedigr\u00ed de las vacas y lograba una calidad de leche que result\u00f3 premiada en varias ocasiones.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Ten\u00eda un f\u00edsico privilegiado, quiz\u00e1s logrado en su juventud con el deporte: hab\u00eda sido regatista de competici\u00f3n. Era fuerte, alto, musculado, de piel muy blanca curtida por las horas infinitas al sol, ya sea en el campo o en el mar. Amaba la naturaleza y se desplazaba en el campo con la fuerza de un cicl\u00f3n. Le gustaban los desaf\u00edos y si hab\u00eda un temporal era el primero en subirse al caballo para rescatar a los animales perdidos y salvar sus vidas y el primero en asistirnos cuando nos enferm\u00e1bamos tanto nosotros como los animales.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Aun persiste en mi retina su imagen espl\u00e9ndida sobre el caballo, de sombrero y poncho, recorriendo el campo. Ten\u00eda una gran autoridad, sin gritos, sin violencia, nunca pude saber de d\u00f3nde proced\u00eda esa energ\u00eda, en qu\u00e9 parte de su cuerpo, o en qu\u00e9 mirada o en qu\u00e9 gesto. Pero desde luego impon\u00eda. Siempre se recurr\u00eda a \u00e9l si hab\u00eda algo gordo que resolver. En mi casa cuando nos desbord\u00e1bamos, la amenaza m\u00e1xima de mi madre era: Ya ver\u00e1s, se lo dir\u00e9 a pap\u00e1. Y despu\u00e9s silencio.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Mi relaci\u00f3n con \u00e9l fue de un afecto subterr\u00e1neo, no demasiado visible, aunque en sus actos reflejaba una gran estima y responsabilidad. Nunca se resign\u00f3 a vivir en la ciudad y en sus \u00faltimos a\u00f1os insisti\u00f3 en la idea de regresar al campo, pero ya resultaba imposible dada sus condiciones de salud.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">De \u00e9l aprend\u00ed a valorar la diversidad de la naturaleza, a no dejarme nunca vencer, a jam\u00e1s claudicar ante condiciones adversas, y sus razones me acompa\u00f1aron toda la vida. \u00bfQu\u00e9 hubiera hecho yo sin sus ense\u00f1anzas en las \u00e9pocas tan duras que tuve que soportar m\u00e1s tarde?<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">S\u00f3lo una vez lo vi llorar, ya anciano, agotado, sentado al borde de la cama cuando tuvo la noticia de que mi hermana que padec\u00eda una enfermedad psiqui\u00e1trica hab\u00eda quedado hospitalizada.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">No obstante, tengo que decir que, pese a estos rasgos de car\u00e1cter, en muchas ocasiones de tranquilidad, como en los festejos, hac\u00eda gala de una enorme iron\u00eda y de una sucesi\u00f3n de chistes que provocaban la risa generalizada de la audiencia.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Durante mis a\u00f1os de vida en el campo compart\u00ed la vida tambi\u00e9n con mis dos hermanos mayores, a quienes miraba con respeto pues nuestra diferencia de edad con ellos, era de m\u00e1s de cuatro a\u00f1os. Mi recuerdo es siempre verlos partir hacia la escuela. Mi padre los llevaba durante la semana a diferentes centros de estudios de la capital, pues las escuelas privadas no eran mixtas; a veces volv\u00edan a la noche, otras se quedaban a dormir en casa de mis t\u00edos. Contaba poco con ellos y me entristec\u00eda quedarme sola.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">El traslado diario se hac\u00eda temprano, en invierno sal\u00edan de noche; el camino hacia la carretera, que no ofrec\u00eda dificultades habitualmente, se volv\u00eda muy dif\u00edcil cuando llov\u00eda y el coche pod\u00eda quedar atascado por el barro o en charcos, pero mi padre para esos d\u00edas contaba con un Ford antiguo, alto, de su juventud, que orgulloso sorteaba la situaci\u00f3n. Cuando viajaba a la ciudad s\u00f3lo, y llov\u00edan prefer\u00eda ir a caballo hasta la estaci\u00f3n y luego tomar el tren.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Poco pod\u00eda estar con mis hermanos durante el a\u00f1o, o era poco para m\u00ed: las vacaciones y los d\u00edas de fiesta. Cuando lleg\u00f3 mi turno de ir a la escuela, dado que quedaba a cierta distancia de los lugares donde estudiaban mis hermanos \u2014y esto complicaba mucho\u2014, era necesario levantarse m\u00e1s temprano a\u00fan.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Mis padres resolvieron que no fuera a la escuela, y en compensaci\u00f3n har\u00eda tareas en casa dirigidas por mi madre, que ten\u00eda alguna experiencia en ense\u00f1ar a ni\u00f1os en su pa\u00eds. Consist\u00eda en leer, hacer copias, dibujar y redacciones de cuatro o cinco renglones, que me representaban un enorme esfuerzo. Me le\u00eda o yo le\u00eda a medida que crec\u00eda, cuentos infantiles y m\u00e1s tarde la historia de los m\u00fasicos cl\u00e1sicos que admiraba especialmente. Tengo que decir que su preparaci\u00f3n fue buena, pues no tuve ninguna dificultad al integrarme al tercer a\u00f1o escolar cuando llegu\u00e9 a la ciudad; si recuerdo dificultades en mi integraci\u00f3n social: me relacionaba mal con mis peque\u00f1as compa\u00f1eras y desconoc\u00eda muchos de sus juegos, situaci\u00f3n que se solucion\u00f3 en breve tiempo como ocurre con todos los ni\u00f1os.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">El resto del tiempo lo ocupaba recorriendo el jard\u00edn de mi madre, d\u00e1ndole de comer a las gallinas, patos y cerdos o disfrutar de las hamacas, que mi padre ingeniosamente hab\u00eda construido entre dos troncos de \u00e1rboles. La fiesta real era cuando est\u00e1bamos los tres hermanos: los patines, andar en bicicleta, los zancos que tambi\u00e9n nos fabricaba mi padre o los paseos a velocidad que me daban mis hermanos en la carretilla.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Las comidas en la casa eran las t\u00edpicas del campo de la \u00e9poca: cocidos, asados, estofados y pastas italianas. Dada la facilidad para conseguir los productos b\u00e1sicos, pues dispon\u00edamos de leche, huevos y harina, pronto empec\u00e9 a hacer \u2014siguiendo a mi hermana\u2014 tortas, helados y en ocasiones hasta tallarines o \u00f1oquis. En las noches de invierno hac\u00edamos tortas fritas, de harina y huevos, y de esta manera logr\u00e1bamos acortar la noche. El invierno se me hac\u00eda inacabable.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Los fen\u00f3menos naturales en la zona eran poderosos, tormentas violentas con rel\u00e1mpagos, truenos amenazantes, y lluvias torrenciales que inundaban el campo.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">En la primavera, en un par de ocasiones, pude ver plagas de langostas que masivamente atravesaban el pa\u00eds destrozando los cultivos de trigo, cebada o ma\u00edz ante el horror de mi padre que ve\u00eda perder el trabajo del a\u00f1o. Cuando esto ocurr\u00eda, me obligaban a quedarme dentro de casa, y aplastaba la nariz a un cristal, viendo oscurecerse el d\u00eda por la masiva cantidad de insectos que, en su violencia, se escrachaban contra la ventana. Los insecticidas, hoy en d\u00eda, logran combatir y detener las plagas al norte del pa\u00eds y por suerte desde hace d\u00e9cadas los voraces insectos no llegan m\u00e1s a la zona y los cultivos se salvan.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">En mi casa, como en todas las casas de campo, ten\u00edamos varios perros. Yo ten\u00eda una perra que fue mi compa\u00f1era durante a\u00f1os: se llamaba Tula. No recuerdo cuantos a\u00f1os ten\u00eda, pero ocurri\u00f3 que siendo yo mayor, se enferm\u00f3, perdi\u00f3 mucho peso y casi no se mov\u00eda de casa. Mi padre, preocupado, la llev\u00f3 al veterinario. Desconozco el diagn\u00f3stico, pero desde luego estaba muy mal, y un d\u00eda, el prusiano me pidi\u00f3 que lo acompa\u00f1ara lejos de casa; llevaba a Tula en sus brazos, que ya no pod\u00eda caminar. Al final lo segu\u00ed de lejos, con l\u00e1grimas en los ojos. A\u00f1os m\u00e1s tarde supe por \u00e9l, que lo que hizo fue acabar con el sufrimiento del animal mezclando su comida con estricnina, un potente veneno. Minutos despu\u00e9s Tula empez\u00f3 con agitaci\u00f3n, convulsiones, luego se asfixi\u00f3. Presenciaba la muerte por primera vez.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Record\u00e9 este duro episodio durante a\u00f1os, hab\u00eda recibido el primer golpe de mi vida de alguien a quien quer\u00eda mucho. Llegu\u00e9 a la conclusi\u00f3n de que no me quer\u00eda morir.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Adem\u00e1s de los perros caseros, \u00e9ramos visitados por perros cimarrones, salvajes, que circulaban por los campos, en manadas, buscando comida. Como pod\u00edan ser agresivos, cuando los ve\u00edamos o los sent\u00edamos ladrar nos encerr\u00e1bamos en casa y les pas\u00e1bamos alimentos para tranquilizarlos por la ventana.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">En su oferta infinita, la naturaleza nos ofrec\u00eda muchas posibilidades y con mis hermanos y a veces con mis primos mayores organiz\u00e1bamos excursiones a recoger frutos, higos y moras, o pas\u00e1bamos la tarde pescando. \u00a1Qu\u00e9 ilusi\u00f3n cuando logr\u00e9 atrapar un pez por primera vez!<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Tambi\u00e9n visit\u00e1bamos los nidos de \u00f1and\u00fa (ave similar al avestruz), y recog\u00edamos los huevos que destrozaban otras aves para buscar nutrientes. Los sanos quedaban en su sitio, mi padre nos prohib\u00eda recogerlos. A los averiados, mi hermana los pintaba con acuarelas, y hac\u00eda sus peque\u00f1as obras de arte; quiz\u00e1s esto fue el comienzo de la artista que fue m\u00e1s tarde. A m\u00ed me interesaban los peque\u00f1os huevos para alimentar a mis mu\u00f1ecas. Para ello, revis\u00e1bamos los nidos de los horneros, que constru\u00edan y reconstru\u00edan su casa en pareja con adobe y paja las veces que fuera necesario. Una verdadera obra maestra de la naturaleza: la casa marr\u00f3n constaba de una galer\u00eda de entrada y una sala interior visitada por aves invasoras o culebras inofensivas, abundantes de la zona que desaloj\u00e1bamos con un palo antes de introducir la mano.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Pero no siempre nuestras excursiones eran exitosas. En el campo abierto hab\u00eda nidos de teros, el ave nacional del Uruguay, un p\u00e1jaro muy celoso de sus pichones y que cuando pas\u00e1bamos cerca, y se sent\u00edan amenazados, hac\u00edan vuelos rasantes peligrosos sobre nosotros, para defenderse.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Por aquel tiempo abundaba un animalillo f\u00f3sil entra\u00f1able, la mulita o armadillo, un mam\u00edfero acorazado con placas \u00f3seas, cuya defensa era enrollarse como una bola al ser agredido. En la \u00e9poca se comet\u00eda un verdadero crimen ecol\u00f3gico, se cazaban y se com\u00edan asadas. Desde hace d\u00e9cadas, por suerte, est\u00e1 penalizada su caza.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Tambi\u00e9n disfrut\u00e1bamos de fiestas en el a\u00f1o. Las Navidades, el d\u00eda de Reyes, donde mi padre montaba la escena para recibir a los camellos y a los regios personajes, dej\u00e1ndoles comida y agua para refrescarse. Noche insomne para m\u00ed: mis hermanos me atrapaban para evitar que espiara y rompiera la magia de la noche. Al atardecer coloc\u00e1bamos los zapatos y una vez noche, acostada, sent\u00eda los ruidos de las caminatas de los animales que desde Oriente me visitaban. \u00a1Qu\u00e9 emoci\u00f3n!<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Pero la magna fiesta del a\u00f1o, la fiesta que mi padre festejaba invitando a la gran familia era la de San Juan, el d\u00eda de su santo y cumplea\u00f1os. A finales de oto\u00f1o, cuando los d\u00edas se acortaban y se aproximaba el invierno, comenzaban los preparativos de la fiesta. En mi aburrimiento, contaba los d\u00edas y los meses que faltaban para el d\u00eda.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">El solsticio de invierno era el punto de iniciaci\u00f3n del invierno, la noche m\u00e1s larga del a\u00f1o. Ocurr\u00eda entre el veintid\u00f3s y el veinticuatro de junio, momento curioso donde el invierno generosamente ced\u00eda su tiempo al sol que meses m\u00e1s tarde nos daba paso a la primavera. Esperaba la fiesta con ilusi\u00f3n, el invierno me parec\u00eda eterno. El prusiano comenzaba los preparativos semanas antes, y yo le segu\u00eda con gran alegr\u00eda todos los pasos.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">La primera etapa era recoger ramas secas y esquel\u00e9ticas de los \u00e1rboles y apilarlas, generando un considerable mont\u00edculo, a m\u00e1s de cien metros de distancia de la vivienda. En los espacios entre las ramas encontraban su sitio animales diversos que ten\u00edan sus viviendas por un corto per\u00edodo de tiempo. El d\u00eda veinticuatro de junio, hacia el mediod\u00eda y seg\u00fan la orientaci\u00f3n del viento, encend\u00edamos una fogata paralela para que el humo ahuyentara los ratones, las ratas y las culebras que en procesi\u00f3n hu\u00edan hacia un arroyo cercano para evitar la muerte.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">M\u00e1s tarde comenzaban a aparecer los adultos: mi madre, mis t\u00edas con sillas, mesas, manteles y cubiertos que se ubicaban a distancia prudencial de la hoguera.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Mi padre se acoplaba tarde a la fiesta, cuando llegaba de trabajar: arrastraba un carro con la mano izquierda, con los chorizos, carne, empanadas, pasteles y bebidas. Yo hund\u00eda mi mano en la suya libre. Poco despu\u00e9s iniciaba conmigo el fuego de la parrilla con papel de peri\u00f3dicos y las ramas m\u00e1s secas. A los ni\u00f1os nos ten\u00edan destinados troncos gruesos para sentarnos un poco alejados del fuego para evitar el calor y los accidentes. Con los primos y otros ni\u00f1os jug\u00e1bamos a la pelota y consum\u00edamos los fuegos artificiales iluminando la noche. Si ten\u00edamos suerte, y no estaba nublado, logr\u00e1bamos ver el cielo atiborrado de estrellas, como nunca lo volv\u00ed a ver, y la luz era suficiente para pasar la noche.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Finalmente, cuando mi padre terminaba la faena, descansaba, y empezaba con sus iron\u00edas y bromas, otro aspecto de su personalidad que emerg\u00eda en aquellas ocasiones. La noche segu\u00eda su curso, la temperatura descend\u00eda, las conversaciones se agotaban y una vez que ya hab\u00edamos comido, intent\u00e1bamos apagar el fuego.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Despu\u00e9s, mi madre y mis t\u00edas recog\u00edan las mesas y las sillas, mientras mi padre llenaba el carro con los restos de la comida y yo volv\u00eda otra vez a la casa con mi mano atrapada en su mano.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Los ni\u00f1os crec\u00edamos, y pronto mis hermanos adolescentes tuvieron que ir al liceo. Yo deb\u00eda comenzar la escuela. A mis padres se les hac\u00eda dif\u00edcil continuar la vida en el campo estudiando nosotros tres en la ciudad. Nos despedimos de Margat y volvimos s\u00f3lo en las vacaciones de verano un par de a\u00f1os m\u00e1s.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">Mi infancia se esfumaba y yo crec\u00eda. Tuve que hacer un esfuerzo grande para integrarme a la escuela y a la vida en la ciudad.<\/span><br \/>\n<span style=\"font-family: verdana, geneva, sans-serif;\">\u00a1Margat, para\u00edso perdido!<\/span><\/p>\n<hr \/>\n<h3><span style=\"font-family: helvetica, arial, sans-serif;\"><strong>La autora <\/strong><\/span><\/h3>\n<p><span style=\"font-family: helvetica, arial, sans-serif;\">Edith Steiner es m\u00e9dica y escritora, nacida en Montevideo, criada en Margat, vive actualmente en Barcelona. Ha publicado la antolog\u00eda de poes\u00eda \u2018Sin l\u00edmites\u2019 (2021) y el libro de cuentos \u2018El prusiano que me ense\u00f1\u00f3 a andar y otros relatos\u2019 (2024).<\/span><\/p>\n<hr \/>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<div class=\"mh-excerpt\"><p>Ambientes, colores y sabores atraviesan este relato de Edith Steiner, que compartimos con nuestros lectores en dos entregas. 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