Maestras de Canelones diseñaron un proyecto que fue premiado por la UNESCO

Experimentar las emociones

Jimena Damiano y Tania Belén Fernández son dos maestras de Canelones que diseñaron y llevaron adelante un proyecto para trabajar con las emociones de los niños, en diferentes escuelas rurales. Mientras que Damiano lo aplicó en la Escuela rural Nº50 ‘Gabina Ecilda Vázquez’ de Canelones, Fernández lo hizo en la escuela rural Nº32 ‘Francisco Delpiano’, de Progreso.
Pero el proyecto no quedó simplemente en dichas escuelas: las docentes decidieron presentarlo al concurso de la Comisión Nacional del Uruguay para la UNESCO, una iniciativa que busca premiar las buenas prácticas de aula que se desarrollan en centros educativos y así difundir las experiencias sociopedagógicas de alto impacto. De esta manera, en noviembre tuvieron la noticia de que su proyecto era uno de los ganadores, y desde el lunes pasado está publicado en el portal web de la UNESCO para todas las personas que quieran leerlo y para educadores que quieran replicarlo en otros ámbitos. En entrevista con HOY CANELONES, Damiano describe las interesantes características de este proyecto.

Las jóvenes maestras se conocieron estudiando Magisterio en el Instituto de Formación Docente de Canelones ‘Juan Amós Comenio’, y ya hace dos años desde que se recibieron. Aunque no trabajaban en la misma escuela, decidieron pensar un proyecto en conjunto, para poder intercambiar experiencias del medio rural. El proyecto se hizo en clases multigrado, como en la mayoría de las escuelas rurales, lo que implica que niños de distintas edades y niveles estén mezclados y guiados por un docente. En este caso trabajaron con edades que iban desde inicial a tercero.
Cuando les comentaron del llamado a “Buenas prácticas”, decidieron adaptar el trabajo anual que venían haciendo al formato que se solicitaba. De todos modos, cuando se enteraron de que el proyecto de ‘Alfabetismo emocional’ era uno de los ganadores se sorprendieron muchísimo. Cada una recibió un reconocimiento en una Conferencia, libros de didáctica y dinero, así como la publicación del proyecto en la página: (http://www.comisionunesco.mec.gub.uy/)
Cabe destacar que si bien la idea original se enmarcó en las diferentes escuelas rurales que ambas trabajaban, las actividades pueden extenderse a otras instituciones educativas o sociales, con niños de cualquier edad.

Alfabetización emocional
“¿De qué sirve que un niño pueda colocar a Neptuno en el Universo si no sabe dónde poner la tristeza o la rabia?”, es una pregunta que se hace el maestro y escritor José María Toro y que fue clave para las maestras en el proyecto. “Nos encontramos con que en las dos escuelas persistía la falta de alfabetización emocional. En el sentido de que muchas veces no sabían explicar con palabras qué emoción sentían, por qué y cómo convertirla”, explica Damiano. Como ejemplos cuenta que se encontraban al comienzo con frases como “No, maestra, está mal llorar en la escuela” o “en la escuela no te voy a contar qué me pasó en casa”.
“La idea era enseñar a los educandos a desarrollar competencias de regulación, que se conocieran ellos mismos y a partir de conocerse poder autocontrolarse. Al mismo tiempo, buscamos enseñarles que si bien todos tenemos emociones está bien expresarlas, porque muchas veces se piensa que está mal sentirlo o expresarlo. A partir de eso, queríamos promover un pensamiento y accionar diferente”, sostiene la maestra.
Los aportes principales que tomaron vienen desde las neurociencias. “Hay investigaciones que dicen que un alumno que se encuentre emocionalmente seguro, aprenderá mejor”, señala Damiano, y agrega que planificaron el proyecto a partir de las áreas de conocimiento que aparecen en el Programa de Educación Inicial y Primaria de 2008.
“Enseñar las disciplinas básicas se vuelve muy difícil si los alumnos no comprenden las emociones que sienten o si no pueden expresarlas. Es necesario priorizar y enseñar el autocontrol y autoconocimiento para lograr una educación integral”, opina Damiano. En este sentido, argumenta que así como es necesario pensar estrategias para enseñar matemáticas, es igual de importante darle lugar a las emociones y priorizarlas. Se basaron también en el psicólogo Daniel Goleman, quien afirma que es necesario crear ambientes positivos para que los alumnos sientan confianza y puedan dar lo mejor de sí. “Para que pudieran expresarse era necesario que exista un vínculo y ambiente que les permita sentirse cómodos”, manifiesta. De igual modo toman al pedagogo brasilero Paulo Freire para resaltar la importancia de un vínculo horizontal entre educador y educando en el que prime el diálogo.
Damiano se refiere a que en el programa del CEIP aparece la inteligencia interpersonal, las emociones y los vínculos, pero que muchas veces en la práctica los maestros priorizan únicamente lo disciplinar. Al mismo tiempo, reconoce que “los maestros saben que las emociones son importantes”, pero dice que con la rutina las emociones pueden quedar en un segundo plano.

Múltiples actividades
La idea de educación integral es clave en el proyecto. “Buscamos ver al niño como un todo”, resalta la docente. Las actividades están enmarcadas y adaptadas de acuerdo a los contenidos del programa. Decorar los sectores del patio con las emociones representadas por colores, talleres con la comunidad, creación de títeres y de cuentos, fueron solo algunas de las tareas que realizaron.
“Leímos el libro ‘El Monstruo de Colores’ de Anna Llenas, que parte de la idea de un monstruo que tiene las emociones desordenadas, se encuentra con una niña y le propone ordenarlas. Las agrupan en colores y luego las colocan bollones”, relata. Seguidamente los niños pintaron los bollones de colores y podían “colocar recuerdos, actividades, pensamientos que les produzcan emociones, como una forma de “desahogo emocional sano”. También escuchaban canciones o miraban películas que llevaban a la reflexión, ‘como Intensamente’ de Disney-Pixar. “Partíamos la jornada escolar con un enunciado: ellos tenían que responder ‘¿cómo te sientes hoy?’, y ahí contaban lo que les pasaba”, comenta. En otra de las jornadas crearon títeres que los niños se llevaban a sus casas y podían inventar cuentos con situaciones de la vida real, con el objetivo de identificar emociones que resuelvan los problemas de la trama. Trabajaron con artes plásticas, actividades de lengua, puzzles y practicaban la argumentación.
“Buscábamos siempre reflexionar sobre nuestras prácticas. Si nosotras deducíamos que algo no andaba bien, intentábamos promover lo mismo en ellos, que sean críticos y que se dieran cuenta de que sentir las emociones está bien, que no está mal enojarse”, reivindica la docente. El proyecto tuvo efectos no solo en los niños sino también en la familia y en sus comunidades. De hecho, las devoluciones positivas de los familiares a fin de año, fueron frecuentes.

Notorio
La docente evidenció algunos de los cambios que se empezaron a ver con el alfabetismo emocional. “Al comienzo, cuando un niño se enojaba y rompía algo, los demás lo miraban como un bicho raro. Luego comenzaron a identificar lo que les pasaba y a ponerse en su lugar. Trabajamos mucho con la empatía, que es clave para vivir en sociedad, podes saber mucho de multiplicar pero es necesario ser empático”, destaca.
“En una de las actividades uno de los alumnos expresó que tenía miedo a equivocarse, lo tomamos e indagamos. Intentamos resolverlo colectivamente: ¿cómo podía el compañero transformar su emoción en alegría o calma?. Una de las respuestas fue, que escriba de color verde (que es el color de la calma), otra respuesta fue sentarse con un amigo que lo ayude, recibir un abrazo, sentarse abajo de un árbol”, recuerda la docente y añade que “el clima áulico que se empezó a generar fue increíble, alumnos que en marzo se frustraban, pegaban a los bancos. En diciembre fue totalmente diferente, se ponían en lugar del otro, pensaban cómo hacer para ayudar al otro cuando estaba triste o enojado”.
El proyecto puede ser puesto en práctica tanto en escuelas como liceos. “Nuestra idea para este año es seguir con el proyecto y llevarlo también a los afectos: a partir de lo que ya vivimos buscamos ampliarlo más. Se podría llevar a secundaria, a jardines, es una herramienta para la vida”, concluye la docente. En proyectos como este se evidencia la necesidad de darle lugar a lo que sienten los educandos, de promover el diálogo y la empatía con los otros desde la niñez.
Elisa Romego

4 Comentarios

  1. Precioso y básico, dejado de lado por poner la prioridad en el resultado cuantitativo. Es triste que nos alejemos del sentido común: necesitamos espacio, tiempo y herramientas para procesar las emociones, más aún grupalmente. Necesitamos que la infancia sea guiada en ese aspecto, en todos los ámbitos, y también en la escuela… El reconocimiento de Unesco hará que muchos/as docentes nos demos el permiso de darle más lugar a este contenido en nuestras planificaciones, que aprendamos a transversalizarlo en la propia práctica. Gracias, chicas, porque la frescura de la juventud genera proyectos frescos y valientes! Porque hay que serlo para escuchar y ayudar al otro/a en relación a lo que le pasa, más aún pensando en los/as niños/as de algunos contextos. Este año me inspiraré en su proyecto.

  2. Muy interesante vuestro proyecto.
    En mi escuela estamos trabajando en un proyecto de habilidades para la vida unidos a la onu El Antojo y la Fundación Botín.
    Creemos como uds que el educar las emociones es fundamental para lograr un ser humano con las estrategias que lo llevan a adquirir cualquier tipo de conocimientos.

  3. Gracias a las maestras que vomprendiron la necesidad de nuestra sociedad que somos ” todos” y “cada uno” en salud para interactuar.

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