Con el escritor Luis do Santos, tras el reciente lanzamiento de su novela ‘El zambullidor’

Martín Bentancor, Luis do Santos y José María Obaldía durante la presentación de ‘El zambullidor’, en Montevideo, el pasado 14 de diciembre.

“Cada vez que escribo vuelvo a mi pueblo”

Luis do Santos nació hace cincuenta años en Artigas pero reside, desde hace mucho tiempo, en la ciudad de Salto, su patria adoptiva. Letrista de murgas, escritor de canciones y cuentista, publicó hace algunos años su primera novela, ‘La última frontera’, y ahora acaba de dar a conocer, de la mano de Editorial Fin de Siglo, su segunda incursión en la materia: El zambullidor’.

‘El zambullidor’ es una novela breve pero contundente, cargada de paisajes y de ambientes, con un alto pulso narrativo. El libro fue presentado el pasado 14 de diciembre en la Fundación FUCAC de Montevideo y, al día siguiente, en Salto, en dos instancias a sala llena. HOY CANELONES dialogó con Luis do Santos para conocer más sobre su flamante novela, sus universos de ficción y su propia ubicación dentro de las letras nacionales.

¿Cómo surgió ‘El zambullidor’?

El libro surge a partir de una anécdota que escuché alguna vez en mi pueblo, sobre la capacidad que tienen algunas personas para encontrar ahogados con la ayuda del pan bendito. Ese fue el disparador. A partir de allí me dejé llevar por el río y comenzaron a surgir las cosas que, a mi entender, son el cerno mismo de la novela: la escasa expresión de sentimientos, el desamparo emocional, la capacidad para sobrevivir a la soledad de la indiferencia y el valor de la amistad como sanadora de las heridas del alma.

Para alguien oriundo de Artigas y residente en Salto, ¿cómo se ve la literatura uruguaya actual?

Hace un tiempo yo veía la literatura uruguaya actual como si fuera una costa lejana, que casi no se veía, desde una frágil canoa, a la deriva en aguas complicadas. Hoy, gracias a autores como Gustavo Espinosa, Martín Bentancor, Damián González Bertolino y Juan Estévez, esa orilla que veía tan allá lejos, está mucho más cerca. Acaso fuera nada más que un aislamiento personal, pero esa era mi experiencia. Pienso que ellos han contribuido de manera decidida a acercarme a buscar la lectura de autores nacionales que están publicando hoy, no solo los del interior. Ahora, más en contacto con la literatura uruguaya actual, veo que está teniendo un empuje inusual, un presente donde se están publicando excelentes obras, que por suerte tienen atrás a editoriales que se están jugando la ropa por los autores nacionales, como Fin de Siglo o Hum, por citar a dos. En síntesis, la veo con muy buena salud.

Hábleme de sus lecturas, de aquellos autores o textos que de alguna forma lo influenciaron o lo llevaron a escribir…

En mi adolescencia me marcó mucho la lectura de una obra que se publicó el año de mi nacimiento, en 1967, ‘Cien Años de Soledad’. Al leerla yo sentía que historias como aquellas pasaban en mi pueblo y me dieron ganas de contarlas. Me marcaron Jorge Amado, Juan Rulfo y, sobre todo, José Mauro de Vasconcelos con su entrañable ‘Mi Planta de Naranja Lima’, a la que ‘El Zambullidor’ intenta hacerle un humilde guiño, por aquellos días en que mi juventud se vio conmovida por tamaño revuelo de emociones. Siempre estoy leyendo poesía. Admiro mucho a los poetas todos, que pueden sublimar la realidad en la belleza de pocas palabras.

Cómo la mayoría de los autores nacionales, usted no vive de la escritura. Cuénteme a qué se dedica y cómo convive esa actividad con la escritura…

Yo trabajo desde hace muchos años en una Cooperativa de Consumo, donde se vende desde mortadela hasta motos. Algunos quizás puedan verme como un bicho raro haciendo literatura entre góndolas de arroz y muebles brasileros, pero trato de llevarlo bien. Para algunos soy un trabajador que escribe y para otros soy el escritor que trabaja en Cosalco. Si algo he aprendido en la vida es a disfrutar de lo que tengo. Tengo las dos camisetas puestas: la de mi trabajo y la de mi humilde literatura. Transpiro las dos por igual, diariamente y con pasión, porque estoy convencido de que es la única forma de sentirse bien con uno mismo.

¿Qué cosas lo inspiran a escribir? ¿Dónde radica usted el semillero de su literatura?

La inspiración y las semillas de mi literatura están, sin dudas, en la gente. Creo, además, que cada vez que escribo vuelvo a mi pueblo, a los cuentos de mis abuelos, a mis memorias de niño. Con el tiempo entendí que las historias de mi particular familia de frontera, eran para ser contadas, porque además son comunes a un montón de historias. La luz siempre está por esos montes celadores del río, en la piel de aquellos hombres curtidos por la naturaleza, en el corazón de mujeres que aprendieron a amar en el silencio. Yo apenas salgo a buscarla cada tanto y a veces tengo la impresión de haberla encontrado.

¿En qué está trabajando ahora?

Hoy día trabajo en la rescritura de ‘La última frontera’, que fue mi anterior novela, y en un relato que nació a partir del cuento inédito ‘Zapatos prestados’, un proyecto que me está haciendo vivir momentos de zozobra y desconcierto, algunas noches de insomnio, horas de solapada alegría y ansiedad. En fin, como cada aventura de escribir siempre al borde del abismo.

Viviana Negredo

La portada de la nueva novela de Luis do Santos.

Del río

A la figura del río, que en la literatura suele ser imagen de viaje o de cambio, de misterio o autoconocimiento, Luis Do Santos le incorpora en ‘El zambullidor’, novela de construcción ágil y precisa, el hechizo ominoso de los fantasmas que viven bajo las aguas y que, dos por tres, asoman por las orillas.

En esta historia atravesada por siestas y velorios, por animales rastreros y ritos pueblerinos, el inexorable paso del tiempo encuentra su sustrato y su propia contracara. Con ‘El zambullidor’, Luis Do Santos, construye una pieza narrativa de particular extrañeza, que subraya su condición única dentro de las letras uruguayas, al tiempo que se posiciona como uno de los secretos mejor guardados de esa entelequia llamada “el interior profundo” –de Salto, para más señas– que se empeña en dar a luz, de vez en cuando y para disfrute de quienes leemos, buenos libros y buenos escritores.

Martín Bentancor, en la contratapa de ‘El zambullidor’

 

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