Una visita a los talleres de Alfabetización Digital brindados por Centros MEC Canelones

El Plan Ibirapitá llegó a Canelones en el año 2015. Al principio, los adultos mayores no se animaban a agarrar sus tablets y las guardaban en alguna mesa de luz. Sin embargo, con el correr de los meses, muchos fueron aprendiendo a utilizar los dispositivos que hoy forman parte de su vida cotidiana.

En la pasada jornada, HOY CANELONES asistió a un taller de Alfabetización Digital de los Centros MEC, una de las instituciones que hicieron posible la inclusión de los adultos mayores en las nuevas tecnologías, y dialogó con alumnos y profesora de las clases.

Cotidiano

Sergio y Alicia recibieron las tablets del Plan Ibirapitá hace poco más de un año. Su contacto con las nuevas tecnologías es diario y reforzó su matrimonio. Escuchan música, miran películas y videos en YouTube y se mantienen conectados con familiares y amigos. Antes de empezar con los talleres, su hija le había enseñado algo, pero con las clases aprendieron mucho más. “Solo nos queda aprender videollamadas”, contó Sergio. “Todas las tardecitas usamos las tablets. Le llamamos ‘nuestra amiga’”, agregó Alicia.

Matilde fue a pocas clases, pero todo lo que aprendió lo anotó detalladamente en una libreta de bolsillo. Quedó muy contenta con la última clase porque pudo sacar fotos y grabar videos. Ahora quiere aprender a mirar películas. “Luego de las clases la empecé a usar. Fui anotando lo que aprendía, me animé y llegué a leer diarios”, ejemplificó Matilde.

 

Reducir la brecha

En los talleres digitales se enseña sobre el uso de la tecnología. Hay clases de computación, celulares, cámaras de fotos y tablets. Leticia Rocca, una de las profesoras de los talleres, sostuvo que hubo un cambio después del Plan Ibirapitá, ya que muchas más personas se animaron a concurrir. “Sabemos que las tecnologías generan una exclusión, principalmente en los adultos mayores. El plan apunta a que las personas no queden afuera del uso de la tecnología”, dijo la profesora.

Rocca cuenta que el aprendizaje depende de cada alumno y que el grupo respeta mucho los tiempos. “Algunos ya tenían un teléfono inteligente y eso les facilita el uso de la tablets. El uso depende, también, de los gustos de cada uno. A algunos les gusta la música, otros las redes sociales. Cada uno le encuentra su interés y eso también lo respetamos”, contó.

 

Todo a su tiempo

Un promedio de ocho personas asiste a cada grupo, con clases semanales de dos horas. Rocca contó que la dinámica de las clases está pensada para respetar los tiempos y escuchar a los estudiantes.

Los participantes del taller aprenden sobre el uso de la cámara, la radio, los diarios, el correo electrónico, las redes sociales y dudas particulares del grupo. “La tablet de Ibirapitá es igual a cualquiera, pero tiene un agrupamiento en la pantalla de inicio que permite que el entorno sea más amigable”, contó la profesora.

Los tres alumnos entrevistados creen que al manejar la tablets les resultarás fácil usar un teléfono inteligente, pero no se tienen tanta confianza con las computadoras. Asumen que al conocimiento también se llega “metiendo mano” y apretando botones. “Se trabaja mucho con la metáfora del cuco de la computadora. Vemos que hay muchas cosas que les tenemos miedo porque nos es desconocido, pero después que se rompe esa barrera del miedo los participantes se animan a más”, explicó Rocca.

Fernando Guerrero

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