La escritora Sandra Del Río presenta esta noche su primera novela en Las Piedras

La actriz Chiara Ferronato dándole vida a la heroína Alaia Windfeel. Foto: Archivo HOY CANELONES.

“Los personajes iban apareciendo. Los veía como en una película”

 Sandra Del Río le tomó cariño al acto de “unir el alma con la palabra” desde muy pequeña. Ya un poco más grande, comenzó a desarrollarse como escritora con cuentos para chicos y no tanto. Luego de visitar el sendero de bambú de la Quinta Capurro, en la ciudad de Santa Lucía, la autora quedó maravillada y comenzó a escribir unas impresiones del lugar.

 La escritora cuenta que, como en una especie de encantamiento, en su cabeza empezaron a aparecer personajes tan vívidos que resultó imposible no llevarlos al papel. De ese modo, los primeros apuntes de la Quinta se convirtieron en su primera novela, una historia de ficción llamada ‘Alaia Windfeel y el sendero infinito de bambú’, que acaba de editar la editorial El Mamut Argumental.

Sandra Del Río presenta esta noche ‘Alaia Windfeel y el sendero infinito de bambú’, en el Centro Cultural Miguel Ángel Pareja (Instrucciones del Año XIII y Vía Férrea, ciudad de Las Piedras) a las 19 hrs. La presentación estará a cargo del escritor Martín Bentancor y de la joven actriz Chiara Ferronato, que personifica a la heroína del libro en la portada, las imágenes internas y en un cortometraje filmado para promocionar la obra. HOY CANELONES habló con la autora sobre los desafíos de su último trabajo, la realidad en la ficción y la realización audiovisual que acompaña al libro.

 ¿Cuáles fueron los primeros pasos para llegar al libro y el cortometraje?

Es mi primera novela. Trata una historia dirigida al público juvenil pero no es solo para esa edad. En abril empezamos el rodaje de un material audiovisual que presenta algunos personajes del libro, luego que decidimos que la novela se iba a publicar este año. El escenario principal es la Quinta Capurro, en Santa Lucía. El sendero de cañas de ese lugar fue el que me inspiró. Cuando lo descubrí, volví a mi casa y me puse a escribir pensando en un relato de la impresión que me había provocado. Luego se tornó algo más extenso y surgió así mi primera novela.

 Desde esas primeras impresiones de la Quinta Capurro hasta ‘Alaia Windfeel y el sendero infinito de bambú’, se deben haber presentado varios desafíos…

Creo que al escribir algo nuevo siempre hay un desafío. Sin embargo, en esta ocasión no me propuse escribir una novela, no imaginé que iba a surgir de esa forma. Fueron apareciendo personajes y cosas que de alguna manera se me impusieron. Al principio, me generaron ciertas dudas, porque para escribir un trabajo de este tipo hay que hilar un montón de acontecimientos, intervienen muchos personajes y eventos que hay que cerrar. Quizá por eso demoré tanto en publicarla.

 El libro va de la mano de una producción audiovisual. ¿Qué la inspiró a llevar parte de la historia a otro lenguaje?

Filmamos un tráiler que ilustra los acontecimientos de la heroína adolescente, Alaia Windfeel. Trabajamos en la Quinta Capurro, en la Iglesia de Las Piedras y en la biblioteca del Colegio Seminario de Montevideo. Lo estrenaremos en conjunto con la presentación del libro. Soy licenciada en Ciencias de la Comunicación y siempre trabajo con producciones audiovisuales que ilustran mis libros. Ya había hecho alguna en formato documental con escenas de ficción, pero esta es la primera completa de ficción. Es una historia de aventuras, que se presta muchísimo para ser llevada a la pantalla y que visualicé siempre como película. De alguna manera, los personajes iban apareciendo y yo los veía como en un filme. Y quiero aprovechar la oportunidad para agradecer a la Oficina de Locaciones Canarias, de la Dirección Departamental de Cultura del Gobierno de Canelones, por el apoyo prestado en todo momento.

 ¿Esta ficción tiene espacios para la realidad?

Hay muchísimo de realidad en cuanto a lugares. El sendero de bambú está en un lugar real, la Quinta Capurro, y se hace mención, incluso, a Santa Lucía. Además, la heroína viene del pueblo de San Isidro, santo protector de nuestra ciudad, e interviene mucho el órgano de la Iglesia de Las Piedras. Pero todo esto está universalizado, puede ser el lugar que nosotros conocemos o un espacio de ficción. Estoy muy arraigada con el Patrimonio y la historia que llevan estos lugares también me ha atrapado. Pero la trama no fue a propósito de los lugares sino que fue surgiendo en esos escenarios que le daban un toque real. Habrá, también, cosas personales que no escapan al autor, a veces de un modo inconsciente. Eso pasa en toda obra.

 Luego de terminar este trabajo y a horas de presentarlo, ¿le dan ganas de escribir otra novela?

Creo que debe surgir naturalmente. No tengo claro cuál será mi próximo desafío pero sí sé que me gustó muchísimo poder escribir ‘Alaia Windfeel y el sendero infinito de bambú’. Y me gustaría que a futuro se genere lo mismo en mí para producir algo similar.

Fernando Guerrero

La actriz Chiara Ferronato, el cineasta Carlos Bolla y la escritora Sandra Del Río durante el rodaje en la Quinta Capurro. Foto: Archivo HOY CANELONES.

 

Alaia y los senderos

Meses antes de la presentación, HOY CANELONES había consultado a Sandra Del Río sobre el personaje central de la obra, Alaia Windfeel. La escritora la describía como “una jovencita hermosa y valiente que regresa a su pueblo después de años para descubrir muchos secretos relacionados con su familia, pero también para abrirse a un destino maravilloso”, y agregaba que le tiene mucho cariño al personaje. La producción audiovisual que va de la mano con el texto está bajo la cámara de Carlos Bolla y la actuación protagónica de Chiara Ferronato.

Adelanto

Adelanto exclusivo del nuevo libro de Sandra Del Río para los lectores de HOY CANELONES

 

Alaia Windfeel y el sendero infinito de bambú

I

Se dice que fue al joyero don Domingo, que en paz descanse, a quien le tocó descubrir la indomable tarea de detener parte del tiempo, porque como es sabido, también los orfebres se dedicaban antaño grandemente a la relojería. Y aunque resulte en una primera impresión más que evidente, la más preocupante de sus consecuencias no fue que el tiempo se detuviera, si no adivinar qué período, cuándo y dónde se detendría.

Hay quienes dicen que don Domingo consiguió la forma de detener el propio detenimiento y que se llevó el secreto a la tumba para no seguir causando disturbios en las horas, con el pretexto de que había nacido para construir y enmendar maquinarias al servicio de una ciencia exacta, con las horas ya marcadas. Hay quienes prefieren no hablar del tema porque presagiar el mal solo lo atraería y, por supuesto, hay quienes lo creen un absurdo.

Lo cierto es que, aunque de ser tan incierto como el destino del azar, el caso no ha sido estudio de la probabilística, tampoco de la investigación y aún se la considera una leyenda. Se ha dejado su calificación a criterio de cada una de las víctimas de eventos particulares, pero en San Isidro, un pequeño lugar del mundo que, como tantos, se ha vuelto cosmopolita, porque de inmigrante eres y en inmigrante te convertirás, según rezan tantos venidos de los lugares más recónditos del mapa mundial posmoderno y globalizado; los moradores guardan la expectativa latente respecto de algún indicio sobre la verdad de don Domingo, de la que aún el propio hijo, también llamado don Domingo y de profesión joyero, no emite palabra alguna.

II

Mrs. Elizabeth Windfeel estaba tocando el órgano de la iglesia como todas las tardes desde las cuatro. Había estado sentada sobre ese taburete tapizado y a esa misma hora durante los ˙últimos trece años. Había tenido paciencia. Sus dedos se movían con pasión y por costumbre con la irreverencia que esperaba que sólo Dios supiera perdonar.

Observaba al cura dando misa desde la altura, donde se ubicaba más cerca de Dios y del sonido sublime que exhalaban los tubos.

Mrs. Windfeel habitaba en las afueras de San Isidro, lo que antes había sido un pequeño pueblo, que se expandió en pocos años y ya casi resultaba desconocido, excepto porque conservaba su centro, la plaza.

Permanecía en la sola compañía de su fiel servidumbre y una idea inalterable que la obsesionaba y la sostenía.

Mantenía la elegancia, el porte inglés de su herencia familiar y una constancia inquebrantable.

Jamás bajó la mirada ni la frente, excepto para observar sus dedos sobre el teclado produciendo textos musicales.

Los recuerdos la invadían. Miró el vitral a su derecha, un rosetón con la imagen de san Isidro Labrador, patrono de la devoción cristiana y de la conquista. Por él penetraba la luz directo a sus manos. Era Dios que la iluminaba. A veces su fe se debilitaba, sin embargo, tenía la certeza de que no había lugar en el mundo que le perteneciera más que ese rincón cerca del cielo.

No había podido desprenderse de su pasado; ni de su experiencia de vida en los ˙últimos trece años, ni de las más lejanas historias que le transmitieron desde el mismo día en que hizo uso, por primera vez, de su razón.

Nunca creyó vivir tantos años, pero lo imploró. Había algo que todavía no concluía y, sin embargo, se sentía lista porque todo estaba preparado…

Sandra Del Río

 

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