La historia la mascota y el dueño que salvaron vidas en la República Democrática del Congo

Tig interactuando con algunos de los escolares que asistieron a las actividades por el Día Mundial del Animal en Canelones.

“Tig nos dio todo lo que queríamos y mucho más”

 Entre las celebraciones realizadas en la ciudad de Canelones por el Día Mundial del Animal, el pasado miércoles estuvo presente Andrés Peirano, un adiestrador que integró las Misiones de las Fuerzas Armadas uruguayas en la República del Congo. No vino solo: lo acompañaba un perro mestizo de basenji llamado Tig.

 El color de piel del can es similar al de un ovejero alemán, pero tienen mucho menos pelo y un rostro peculiar. Tig es el perro del Congo, que trabajó junto a Peirano para prevenir desastres naturales y ataques contra civiles en esa región de África central. Por el trato que tenía con el público y con las demás mascotas, no parecía un perro que pisó Uruguay por primera vez hace una semana.

Tig y Andrés aprendieron mutuamente cómo enfrentar a los peligros en la república. Esquivaron animales peligrosos, rescataron a niños que habían sido reclutados como soldados y detuvieron ataques de enemigos. El periodista Julio César Alonso plasmó esa odisea en ‘Tig; el héroe invisible. Los perros en la Guerra del Congo’, un libro cuya venta está destinada a ayudar a víctimas de violencia doméstica y prevención de suicidios. Peirano le contó detalles de las peripecias en El Congo a HOY CANELONES, mientras Tig movía la cola y emitía algún aullido ocasional, queriendo llamar la atención de su dueño.

 ¿Fue un entrenamiento o un aprendizaje en conjunto?

El perro no tiene una obediencia cerrada, más bien nos enfocamos nosotros en seguirlo a él. Trabajamos con el instinto, dejamos que el animal nos mostrara el camino. En Congo no conocíamos los peligros o la forma de moverse, el proyecto nos dio la posibilidad de exportar. Estos perros sí conocen el terreno, moverse bien o mal determina su supervivencia. Por eso, empezamos a seguir sus instintos y desarrollamos el proyecto de protección de civiles.

 ¿Cómo fue esa ida y vuelta entre Tig y Andrés?

Duró un año y medio. Los primeros seis meses testeamos hasta dónde podía ir o no el perro, estructuramos una metodología de trabajo acorde al entorno. Creamos situaciones dentro de un ambiente controlado, que podrían suceder en la intemperie. Después salimos afuera y nos enfocamos en controlar si el perro estaba preparado. Esa fue la etapa más dura, porque nos enfrentamos con la realidad de un país en guerra, acompañado de un perro que no tenía una obediencia muy elevada. Él estaba con nosotros porque quería. Tig nos dio todo lo que queríamos y mucho más: no solo advertía sobre peligros humanos, también lo hacía con riesgos naturales como serpientes, por ejemplo. El concepto de que teníamos que protegernos de cualquier tipo de peligro ya era algo natural en él. Además, la Federación Cinológica internacional define a la raza de Tig como primitiva, porque no desciende del lobo. Si después de tanto tiempo seguían allí, por algo sería.

 Después de que regresó del Congo, el perro se enfrentó a otro desafió: venir a Uruguay…

Abandoné El Congo en febrero de este año. Tig iba a venir conmigo pero, por el papeleo de sanidad para entrar en Europa, se quedó con unos amigos. En mayo lo sacamos hacia Ruanda y después fue para Alemania. De allí viajó a España. Cuando estaba en ese país se nos acabaron los fondos. Le pedimos al pueblo uruguayo que colaborara y nos ayudó mucho. Finalmente, pudimos traer a Tig. Llegó el martes 26 de setiembre. Después de pasar un tiempo de adaptación, el perro ya empieza a salir al mundo y reconocer nuevos estímulos, como este evento.

 Por lo que veo, se adaptó enseguida. Parece un perro más de Canelones…

Está bastante adaptado. Se pone un poquito ansioso por la cantidad de perros que hay, ya que en su país no era tan habitual ver a tantos. Pero quiere ir a jugar e interactúa de forma agradable. Se adaptó bien, además, al cambio de horario y de clima. Cuando salió de África era verano en España y primavera en Alemania. Montevideo fue el primer lugar donde sintió frío. Estoy muy contento de verlo tan entero en tan pocos días.

 La historia se transformó en un libro con una causa detrás…

Vinimos a difundir y estamos vendiendo el libro que cuenta nuestra historia. La venta del libro es el método de financiación que tenemos, por ahora, para empezar a trabajar con proyectos similares en Uruguay. Apuntamos a trabajar con el mismo sistema que utilizamos en El Congo, aplicado a la protección de familias que sufren de violencia doméstica, a asistencia a personas con tendencias suicidas y estamos armando un grupo de soporte para evacuados. 

Fernando Guerrero

El adiestrador Andrés Peirano junto a Tig.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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