Con Yayo Herrero, referente mundial del Movimiento Ecofeminista

Yayo Herrero, referente mundial del Movimiento Ecofeminista.

Alternativas para un mundo sostenible

 “En el ecofeminismo dialogan las perspectivas de la corriente ecologista con las del Movimiento Feminista. Cuando analizamos las raíces culturales, económicas y políticas que hay debajo de la subordinación de las mujeres en las sociedades patriarcales, encontramos raíces comunes que explican por qué la naturaleza se degrada y se destruye en nuestras sociedades, fundamentalmente capitalistas”, sostiene Yayo Herrero, una referente del Ecofeminismo, en diálogo con HOY CANELONES.

Yayo Herrero, de nacionalidad española, es una antropóloga, ingeniera, educadora social, profesora, activista y referente en el ámbito ecofeminista a nivel mundial. Estos días se encuentra de visita en Uruguay para participar como invitada especial en el IV Debate Feminista en Montevideo organizado por Cotidiano Mujer. En esta nota, Herrero explicó las bases principales del Ecofeminismo, un movimiento que, además de hacer una crítica radical del modelo económico capitalista actual, propone alternativas sustentables para transitar hacia otro modo de vida más justo.

Perspectiva ecofeminista

El Ecofeminismo es un movimiento social de una corriente de pensamiento que nace en los años 70, a la vez que nace el movimiento ecologista. Uno de los puntos fundamentales para comprender el movimiento, es que la vida humana tiene dos características básicas: es totalmente ecodependiente e interdependiente. La vida humana es ecodependiente porque como seres humanos no podemos vivir al margen de la naturaleza. “Somos naturaleza y todo lo que necesitamos para sostener la vida física, pero también para que se pueda sostener la economía, sale de la naturaleza. El agua, los recursos naturales, las materias primas, la capacidad de mantener y renovar los recursos naturales, son una función de la naturaleza que no es fabricada por los seres humanos ni construida por la tecnología”, afirmó Herrero.

Al mismo tiempo somos seres interdependientes, señala, porque “un ser humano en solitario no podría sobrevivir. Para poder sobrevivir, en algunos momentos del ciclo vital (pero sobre todo en la primera infancia, en la vejez, o toda la vida en los casos de personas con discapacidad), hace falta que haya personas que dediquen un montón de tiempo al cuidado de los cuerpos”.

En esta línea, Herrero se refirió a que en la mayoría de las sociedades del mundo en la historia de la humanidad, quienes se han ocupado mayoritariamente del cuidado del cuerpo de las personas han sido mujeres, y que a su vez lo hacen en espacios “invisibles” a la economía y a la política.

Herrero añadió que es un trabajo “que no se puede dejar de hacer si queremos que exista la sociedad y la vida”. Desde el Ecofeminismo se define como un trabajo subordinado que las mujeres hacen casi en solitario, “no porque estén dotadas genéticamente para hacerlo sino porque vivimos en sociedades patriarcales y mayoritariamente los hombres y el conjunto de la sociedad se desresponsabiliza de esa tarea”.

Diálogo permanente

Para el Ecofeminismo, naturaleza y feminismo dialogan permanentemente. Por un lado, porque se ha conformado una economía que no es consciente de las relaciones con la naturaleza, así como tampoco de su degradación. En el modelo actual tampoco se reconocen los aportes de las mujeres a la sociedad y no hay consciencia de que las dificultades son cada vez mayores. “El modelo social donde vivimos no pone como prioridad el mantenimiento y cuidado de las personas, como sí lo hace con los beneficios y el lucro”, sostuvo. “De ese diálogo nosotras encontramos una sinergia muy interesante para repensar el modelo económico y social, y así recomponer una relación con la naturaleza y entre las personas que en este momento consideramos que están rotas”, reivindicó Herrero.

Radical

Los modos de producción y la noción actual de trabajo se encuentran entre las principales críticas que el Ecofeminismo hace el sistema económico capitalista. “Hoy consideramos que producir es lo que se hace en el mercado que genera crecimiento económico, independientemente de qué se produzca, para quién, cómo se reparte esa producción y a costa de qué”, señaló. En esta línea, resaltó que se habla de producción como lo que genera crecimiento económico, a costa de agotar la naturaleza, que es lo que permite que haya vida. Del mismo modo, comentó que “no se considera producción el trabajo que mayoritariamente realizan las mujeres en los hogares, a pesar de que sin ese trabajo no podría haber producción en términos capitalistas y mercantiles”

También se le hace una fuerte crítica a la noción de trabajo como es concebida hoy. “Solo se habla de trabajo como lo que genera salario y las aportaciones que se hacen en la comunidad o en los hogares, no se consideran trabajo. Entonces, a un ama de casa que ha estado disponible siete días por semana, 24 horas, los 365 días del año, las encuestas de población activa la consideran como población inactiva, como si no estuviera produciendo bienes y servicios imprescindibles para la sociedad”, enfatizó Herrero.

 Alternativas sustentables

La clave, desde el Ecofeminismo, está en hacer tres preguntas a la economía: ¿Cuáles son las necesidades que hay que satisfacer para todas las personas?; ¿Qué es lo que hace falta producir?; ¿Cuáles son los trabajos socialmente necesarios? Herrero explicó que en primer lugar resulta necesario detenerse en el concepto de demanda tal como se habla en el sistema capitalista y, en tal sentido, es importante diferenciar qué demanda quien tiene solvencia para hacerlo, pero necesidades tienen todas las personas. “Cuando pensamos en qué sectores sociales hay que alentar desde el punto de vista de las necesidades, nos damos cuenta de que producir alimentos cercanos que no envenenen ni a la tierra ni a las personas es una producción y un trabajo socialmente necesario”, resaltó.

Por otro lado, se plantea pensar en el modelo urbano “que actualmente es altamente insostenible. Podríamos pensar en un modelo de transporte que priorice caminar, la bicicleta y luego el transporte público y desincentivar el transporte motorizado o individual porque no lo podemos permitir a nivel planetario. SI tuviéramos que extender el transporte individual a todo el planeta, no habría ni minerales ni energía para poder sostenerlo”.

También se considera la transición a las energías renovables, “donde habría que realizar importantes inversiones y desarrollar un montón de puestos de trabajo”. Al mismo tiempo, se propone pensar en todos los trabajos relacionales, que son “trabajos más que necesarios para poder cuidar de las personas más vulnerables, en un momento en que la pirámide demográfica está invertida, que tenemos una población sumamente envejecida y en el que las tasas de natalidad decaen, podríamos pensar en cómo poder realizar un trabajo digno que no fuera precario y mal pago”.

Revolución cultural

Pensar en estas alternativas vuelve indispensable considerar una redistribución radical de la riqueza. “Es imposible que en un planeta con límites físicos, se quiera que la economía crezca más y más, a costa de la extracción de materiales finitos y que eso, a su vez, le alcance a todo el mundo”, señaló. Pero también, además de una redistribución de la riqueza, el Ecofeminismo considera necesario una distribución en las obligaciones que recaen en las mujeres por el sistema patriarcal.

Desde el movimiento se propone un cambio cultural importante. “Debemos repensar en las categorías que han entrado a nuestras cabezas y se han quedado ahí”, señaló. Por ejemplo, “pensar que vivir mejor es tener cada vez más para sí mismo, en vez de pensar en que haya lo necesario para todos”. “Es una pequeña revolución sobre todo cultural, se vienen desarrollando propuestas practicas desde hace muchísimo tiempo. Pero necesitamos, ante todo, una ciudadanía que quiera y esté dispuesta a luchar por esos cambios”, concluyó Herrero. 

Elisa Romego

 

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