Vecinos del Barrio La Esperanza inauguraron merendero para la zona y solicitan colaboración

Una vista del Barrio La Esperanza.

Un emprendimiento para crecer

 En la ciudad de Canelones, al caminar varias cuadras por la calle María Álamo de Suárez, casi pisando el Camino Nacional Carlos Cigliutti, se encuentra un barrio de casas de madera, un pasillo largo con el piso de balasto al que los propios vecinos llamaron Barrio La Esperanza.

Allí, Nelly y Héctor pensaron que era bueno disponer de un merendero y bautizarlo con el mismo nombre que tiene el barrio. La idea va tomando forma y ya hace quince días que los niños del lugar se llevan un plato para la cena.  

Los vecinos cuentan con un caserón grande que están reformando para que la entrega de la vianda de cada noche se convierta en un merendero de horario completo, y los chicos y grandes tengan un lugar físico para ir a comer. HOY CANELONES visitó La Esperanza y habló con Nelly Suárez y Héctor Núñez, impulsores del merendero.

 Un camino difícil

El barrio se fundó en el año 2012, con pobladores que venían de otros departamentos en busca de trabajo. Héctor cuenta que la mayoría de los vecinos trabajan en changas zafrales y cuando estas se terminan se quedan sin recursos. “El trabajo en la chacra dura unos meses, después de eso quedamos todos sin laburo. Algunos realmente no tienen otros medios para subsistir”, afirma y agrega que esa fue la razón porque los vecinos decidieron juntarse y “hacer algo por el barrio”.

Al terminar el trabajo en el campo, los moradores sobreviven con lo que tienen a su alcance. Recorren los montes, cortan y venden leña para “irla llevando” y comprar lo que se necesite para el merendero.  A la hora de cocinar también se las arreglan como pueden. Carecen de cocina y hacen todo a fuego con dos ollas que cumplen diariamente con los guisos y las sopas del merendero. “La comida que hacemos ahora son ensopados y guisos, porque no tenemos los implementos. Me hace falta una cocina y los alimentos me alcanzan solo para eso, pero si Dios quiere y con la ayuda de todos, seguiremos adelante con el comedor”, indica Nelly.

La cocinera no trabaja sola: tiene unas cuantas compañeras que la ayudan a armar cada plato. Algunos comercios también han ayudado, pero se solicita más colaboración. “Esto es un proyecto a largo plazo. Pedimos comida, alguna mesa, bancos y material para el piso”, dice Héctor y repite varias veces que no aceptan dinero “de ningún índole, pero lo demás, bienvenido y muy agradecido sea”.  

 Vocación por cocinar

Nelly explica que la prioridad está en los niños, una población numerosa que se ve correr y jugar por el barrio. Es necesario, dice la cocinera, que se cubran las cuatro comidas de los niños, sobre todo cuando no tienen clases por paros o feriados y no acceden a los alimentos de las escuelas. “Lo que más deseo es que estos niños tengan comida. Me dedicaría de lleno al comedor, desde la mañana a la noche, como tal cocinera que soy”, cuenta.

Todos los que quieran colaborar con el merendero pueden comunicarse a los teléfonos 097525182 o 097525241. Hoy, el merendero le da de comer a 30 niños y 20 adultos, a pulmón, sin cocina y junto con los propios vecinos que ayudan a los impulsores y están “día tras día en el comedor”. Al espacio físico le falta el piso, las luces y las ventanas.

 No se pierde

Héctor vino a Canelones hace cinco años, desde Salto, porque “no había trabajo” en su departamento. Los pobladores del lugar tienen una realidad similar a la de Héctor: muchos vienen del norte y algunos de lugares más cercanos. Hace cinco años que tratan de levantar el barrio y no pierden las esperanzas.        

Fernando Guerrero

 

El trabajo mancomunado y el esfuerzo del grupo apuntalan la creación del merendero.
Algunos de los pocos implementos de cocina con los que, actualmente, dispone el merendero.
El espacio destinado al merendero requiere de varios materiales para su acondicionamiento.

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