Investigador descubre que cuatro especies de anfibios desaparecieron en la Cuenca del Santa Lucía

 El Sapito de Darwin, muy conocido y con una gran abundancia en el departamento de Rocha, es una de las especies que ha desaparecido de la Cuenca del Río Santa Lucía. Foto: ceibal.edu.uy.

Presas y depredadores

 ‘¿Qué sabemos de las potenciales amenazas a la biodiversidad en la Cuenca del Río Santa Lucía en Uruguay?’, se preguntó el biólogo José Langone en su última investigación, presentada el pasado jueves 1º de mayo en el Museo Nacional de Historia Natural. Una de las respuestas que obtuvo fue que cuatro tipos de anfibios ya no se ven en la Cuenca del Río Santa Lucía.

 El biólogo llegó a esta conclusión luego de veinte años de estudiar la cuenca. Sin embargo, dice que para afirmar la extinción de las cuatro especies se necesita más trabajo de campo. En diálogo con HOY CANELONES, Langone dio cuenta de las razones que llevan a la desaparición de los anfibios, sus efectos en el ecosistema y las medidas que se deben tomar para que no desaparezcan otras especies.

¿Cómo fue el método de trabajo de la investigación y cuáles fueron sus puntos más importantes?

Trabajo con los anfibios desde hace treinta años. Ellos son uno de los indicadores más fuertes que tiene la biodiversidad. Para esta investigación estudiamos durante unos cuantos años, levantamos información en varias localidades y encontramos que la cuenca está habitada por 25 especies entre ranas y sapos, más del 50 % de las especies del país. Cuatro de estas especies que existían en abundancia en la región están desaparecidas, no extintas porque habría que hacer más trabajo de campo, pero ya hace tiempo que no se encuentran.   

 ¿Cuáles son estas especies?

Uno es el Sapito de Darwin, muy conocido y con una gran abundancia en el departamento de Rocha. Otro que no se ve es el escuerzo, que algunas personas lo creen venenoso pero no lo es. Desparecieron, también, otras dos especies no tan ubicables para el público pero si conocidas por los coleccionistas. A una de ellas, por ejemplo, la buscaban todos los exploradores y se llevaban algunos ejemplares para los museos de Europa.

 ¿La investigación pudo dar con las razones de por qué desaparecieron?

A nivel mundial, más del 30% de los anfibios están en peligro de extinción. Esto se debe a factores que están presente en la cuenca. La destrucción del hábitat natural por parte del hombre; la aparición de especies exóticas, como la rana toro, que invaden a los anfibios autóctonos y la influencia que tienen los químicos que liberamos al ambiente, entre otras. En el caso de la cuenca, hay un abuso de los plaguicidas. Los productos farmacéuticos que terminan en el agua y los químicos de usos veterinario, en una cuenca donde más del 70% de su tierra está ocupada por la ganadería, también hacen daño. Estas amenazas tienen, además, una fuerte implicancia a nivel terrestre de la biodiversidad. También existe la presencia de metales pesados, sobre todo en la cuenca baja, porque allí se encuentra una elaboradora de soda cáustica que utiliza celdas de mercurio, una tecnología obsoleta y contaminante.

 ¿Qué efectos provoca la desaparición de estos anfibios?

Es fundamental tomar medidas porque los anfibios tienen un doble ciclo de vida, que implica una parte acuática y otra terrestre. Esto quiere decir que ellos son parte de la cadena alimenticia en los dos medios. Comen y otras especies se alimentan de ellos, por tanto su desaparición implica un efecto inocuo e influye en sus presas y sus depredadores.

 ¿Qué medidas se pueden tomar para que otras especies no desaparezcan?

Habría que cambiar el uso de la tierra, sobre todo en el momento en el cual se aplican los plaguicidas. Se usan en primavera, en una época de reproducción de los anfibios. Por otra parte, los tajamares que se utilizan para que beba el ganado deben tener vegetación alrededor. Hay que controlar el uso, también, de los fertilizantes porque estos animales son muy sensibles a los nutrientes. La tala de monte nativo, que por más que se prohíba por ley se sigue ejecutando, se debería prohibir con todo el peso de la ley.

Fernando Guerrero

En la zona

Langone es doctor en Ciencia Biológicas, egresado de la Universidad de la República. Además de la investigación de la cuenca investigó la sistemática y biogeografía de anfibios del Cono Sur Sudamericano y se encargó de la digitalización de colecciones científicas uruguayas de anfibios y reptiles, y sudamericanas de anfibios subtropicales, en el museo Nacional de Historia Natural.

“La cuenca del Río Santa Lucía, en el sur de Uruguay, tiene un alto valor estratégico para el país, ya que cuenta con el abastecimiento de agua potable a más del 50% de la población total del país. La mayor parte de esta cuenca es apta para la ganadería y la siembra industrial de una amplia variedad de cultivos, lo que hace de este territorio uno de los núcleos principales de la producción de alimentos a nivel nacional. Esta explotación intensiva de tierras ha modificado la estructura del paisaje en la zona, donde el 92,8% del territorio ha sido alterado antropógenicamente”, establece Langone cuando detalla las razones y los objetivos de la investigación.

Sé el primero en comentar

Dejar una contestacion

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.


*