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La historia de Mateo y los desafíos de un niño autista de la ciudad de Canelones

Mateo tiene ocho años. A los tres años se le diagnosticó Trastorno del Espectro Autista (TEA), con dificultad para el desarrollo del lenguaje. Hoy va a la escuela pública tres veces por semana y al Centro ‘Buscando Miradas’, de Santa Lucía. Allí aprende a comunicarse con su madre Elizabeth, su hermano Arón y sus familiares más allegados. HOY CANELONES habló con Elizabeth Massei, la madre de Mateo, sobre los desafíos que conlleva el autismo en el día a día.

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Este año, Mateo dio con una maestra que lo entiende. Sabe que cambiarle los objetos de lugar en su clase puede generarle una crisis y siempre trata de comunicarse con él. La maestra comenzó a entender el trastorno porque se informó por su cuenta, ya que en el programa curricular de Magisterio no hay una formación integral sobre el autismo. “Las maestras pueden hacer un curso voluntario, pero no hay formación en sus carreras”, expresó Elizabeth Massei.

En el Centro ‘Buscando Miradas’, los docentes se comunican con Mateo a través de un sistema de intercambio de imágenes, método que Massei aprendió y que le sirvió mucho a la hora de orientar a su hijo a tomar las decisiones. “La barrera es el lenguaje, pero él comprende todo y se hace entender a través de estas técnicas”, explicó.

Si bien la familia de Mateo es de clase media, puede solventar los medicamentos que el niño toma, porque es este el único gasto que le conlleva la patología. La escuela a la que va es pública y el Centro ‘Buscando Miradas’ ofrece atención gratuita, debido a un convenio que la institución firmó con el INAU. También ha realizado equinoterapia y, según su madre, “le ha hecho muy bien”.

 

Camino duro

El camino para encontrar una educación que entienda a Mateo fue difícil. Cuando recién se le diagnosticó TEA iba al Jardín de Infantes, lloraba y no se podía adaptar. Tampoco encontró su lugar en la Escuela Especial N° 199, por la cual tuvo un pasaje de un año. “Era caótico entenderlo y que él pudiera entender las patologías de los otros niños de la escuela”, cuenta Elizabeth Massei.

Hoy han cambiado algunas formas de ver el TEA. Massei contó que se conoce más sobre el autismo pero que aún falta mucho por hacer. “Es fundamental que los centros tengan personas capacitadas para recibirlos. Falta mucha información. Cuando estos niños aprenden a utilizar las herramientas, se integran enseguida”, expresó.

 

Miradas

Cuando se saca le guardapolvo, Mateo llega a su casa feliz, corre por el pequeño patio de su apartamento y juega con su madre. En el día a día, Elizabeth debe cuidar el orden de su casa y los ruidos molestos, para que el niño no se sienta confundido. La comunicación visual es una de las herramientas más fuertes que tienen madre e hijo para comunicarse. “Antes usaba el taladro, él se tapaba los odios y gritaba. Ahora se lo muestro antes de usarlo, sabe que el sonido es fuerte y se tapa los oídos, se aleja un poco y no grita”, ejemplifica la madre.

El niño disfruta de películas y de escuchar música. Su mamá cuenta que para dormir se relaja mucho más con la música clásica y que percibe el sonido con una sensibilidad especial.

 

El trabajo de ‘Buscando Miradas’

El Centro ‘Buscando Miradas’, sitio al que concurre Mateo, conmemorando el Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo, organizó una marcha el pasado lunes 3 de abril en la ciudad de Santa Lucía.

Salieron desde la calle Herrera y recorrieron las calles del pueblo santalucense hasta la plaza principal, donde leyeron el texto ‘20 cosas que nos diría un niño con autismo’, escrito por el psicólogo especializado Angel Rivière. También se tomaron fotos con marcos y con diferentes mensajes sobre el autismo. De la misma manera, convocaron a la población a tomarse fotos con algún mensaje para difundir en redes. El reconocido jugador uruguayo, Diego Lugano, que es padrino del Centro, se tomó una foto con el mensaje: “Yo hablo de autismo, ¿y vos?”. La marcha contó con la participación de muchos vecinos de la ciudad.

 

Fernando Guerrero

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