Crónica: El recital del Indio Solari en Olavarría

Mucho más que 300.000 personas

 

Como es sabido, el show ofrecido por Carlos Alberto ‘Indio’ Solari el pasado sábado en la ciudad de Olavarría (Buenos Aires) concluyó con dos personas muertas: Fernando Javier León, quien sufrió un tromboembolismo pulmonar, y Juan Francisco Bulacio, quien falleció a raíz de un paro cardiorrespiratorio. Dejó también más de diez heridos graves debido a la sobrepoblación de gente que asistió al recital. En la siguiente crónica, Fernando Guerrero, periodista de HOY CANELONES, que asistió a la llamada ‘misa ricotera’ en Olavarría, cuenta cómo vivió el concierto.

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Cuando llegamos a la aduana el aire ya estaba distinto. Muchos de los que ya habían ido a un recital del Indio Solari decían que era una locura esperar tantas horas para pasar la frontera, que los ómnibus que iban rumbo al toque eran demasiados en comparación con otros años. El aumento de público se veía incluso desde mucho antes se emprender el viaje a Olavarría: cuando el Indio le confesó a Mario Pergolini que estaba enfermo y que era probable que hubieran pocos recitales en el futuro.

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Luego de más de veinte horas de viaje llegamos al Predio Rural La Colmena, o por lo menos a unos kilómetros del lugar. Estacionamos afuera de la ciudad porque era muy difícil encontrar un lugar para los ómnibus cerca. Caminamos y caminamos hasta el show por la ancha avenida Pringles. Al mirar para el frente se veía muchísima gente, lo que hacía pensar que éramos los últimos de la fila; al mirar para atrás se veía quizá más personas que la que estaba adelante.

En el trayecto nos dimos cuenta que Olavarría era una ciudad de casas de pueblo y comercios. Ningún hotel, ningún edificio. No estaba preparada para albergar a más de 300.000 turistas, ni siquiera a 100.000. Se escuchaban los primeros saxofonazos de ‘Barba Azul Vs. el Amor Letal’ y todavía quedaban unas cuadras para llegar. En ese tramo pensábamos si iban a ver muchos cacheos, si demoraríamos mucho en entrar y nos fijamos más de una vez si teníamos la entrada en la billetera. Al pasar teníamos la entrada en mano, pero parece que a los que controlaban las puertas no les importaba mucho.

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En el show se vivía un clima festivo. La mayoría de la gente estaba disfrutando de un recital con la calidad de quince torres de sonido de última generación y de un artista genuino, acompañado de los músicos más codiciados en la escena rockera argentina, como Fernando Nalé y Baltasar Comotto, tratando de cuidarse entre todos y de participar del “pogo más grande del mundo”. También estaban los otros, aquellos que no les importaba la música, que no les importaban si las torres estaban prendidas o apagadas y se subían arriba de ellas.

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Solari habló poco. En el tercer tema advirtió que había gente desmayada y pidió, por favor, que se corrieran unos pasos para atrás y dejaran de empujar. Le contó al público que se cumplen cuatro décadas desde que las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo empezaron con su lucha y pidió que “si alguien conoce a una persona de 40 años que no tiene claro su procedencia, que se comunique con las Madres”.

Habló también de la baja de edad imputabilidad, que se está discutiendo en Argentina, y opinó que “es demencial” plantear bajarla. En el país vecino los jóvenes son imputables a partir de los 16 años y el gobierno argentino impulsa una reforma para reducirla a 14. No habló mucho más. Solo se despidió del público en los últimos temas.

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Al entrar estaban todas las puertas abiertas para que le público ingresara. Al salir quedaron abiertas solo dos. Una de las mayores incógnitas que dejó el recital. Se generó una especie de embudo y bastaba con perder la mirada un segundo para extraviarse de los que te acompañaban. El océano de gente, en su mayoría, se fue tranquilo, buscando a los suyos y a su transporte.

La comida y la bebida no faltaron. Cada dos o tres cuadras habían vendedores. Los precios y la calidad eran variadas, como en todo recital masivo. Lo que sí faltó fue una productora que acertara el lugar, una intendencia que no se comprometiera como “fiadora de las obligaciones” y dos vidas que ya no podrán volver a conmoverse con lo que muchos denominan ‘misa ricotera’.

El artista cumplió con su papel y defendió su obra arriba del escenario, a través de unas canciones que se grabaron en otro tiempo, en otro lugar y que permanecen en el inconsciente colectivo de mucho más que 300.000 personas.

Fernando Guerrero

 

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La espectacular foto aérea que muestra al numeroso público que asistió el pasado sábado al recital en Olavarría.
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El Indio Solari durante uno de los momentos del show en que intentó calmar a la concurrencia. Foto: Clarín.

 

 

 

 

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