29072014Canelones - Uruguay

Aquel 27 de junio…

Cuatro décadas han pasado desde aquella jornada que marcó el inicio de la dictadura cívico-militar en nuestro país. Cuarenta años parecen indicar un largo período de tiempo, pero las heridas que abrieron los sucesos de aquel día aún siguen vivas, latiendo en el devenir continuo de una sociedad que está muy lejos aún de superar ese pasado. HOY CANELONES convocó a diversas figuras del quehacer canario y los invitó a recordar aquel día. El resultado es una superposición de vivencias, un entramado de memoria viva que pese al tiempo, aparece tan cercano como el aire que nos rodea.

w27CurbeloMabel Curbelo - Alcaldesa de la ciudad de Canelones.

Ese día yo recién había entrado a trabajar. La escuela en la que trabajaba era muy vieja, con los pisos de tabla y en algunas partes faltaban trozos de madera. En el momento que escuchamos la Marcha y el comunicado, la sensación que sentí era la de que se hundían las tablas del piso. Fue una sensación tan fuerte que la siento hasta el día de hoy, y a veces se la comento a mis hijos y a mis nietos. La sensación era la de hundirse en un pozo. Entonces yo era una maestra joven, tenía a mis hijos chicos en casa y mi esposo había quedado aislado por la huelga en Montevideo. Lo que sentí ese día fue que la familia, el país, todo se venía abajo. Hasta el día de hoy recuerdo a mis compañeras, el color de las paredes, todo.

w27MolinaGerardo Molina - Escritor y docente.

Fue una “muerte anunciada”. Meses atrás, Jorge Batlle había sido puesto “en capilla” (detenido y procesado) por referirse en uno de sus discursos a la inminencia de un golpe de estado. Desde mediados de los años sesenta, numerosos hechos y situaciones venían resquebrajando nuestro sistema democrático republicano. Ese día, la ruptura, el “quiebre” institucional se había consumado. El aparente bastión inexpugnable de nuestra democracia, de la otrora “Suiza de América”, (muy lejanos y empequeñecidos parecían entonces los períodos dictatoriales de Terra y Baldomir), caía inexorablemente.
El grito de Wilson que nos representaba (más allá de la clara alusión a su Partido), quedó restallando en la noche oscura como un látigo almafuertiano y transformándose con el correr del tiempo en un hito –heroico, apasionado, emblemático, rebelde- de nuestra historia.

27TarancoEdgardo Taranco - Dibujante y diagramador.

En 1973 yo estaba en el Liceo de Santa Lucía, cursando 4to. año “C”, en el viejo edificio donde hoy hay un supermercado. El edificio nuevo era una promesa que nos hicieron al entrar en 1970 (“Segundo Año lo hacen en el nuevo”, nos dijeron), pero lo inauguró la dictadura de apuro unos meses antes de irse. No me viene a la memoria específicamente ese día, o se me confunde con todo lo que he leído e investigado después. Solo recuerdo estar todos en casa con la radio encendida, escuchando las canciones folklóricas en cadena (pasaban Los Olimareños) y la tapa de El Día. Las marchas militares empezaron más tarde, pero fueron tantos años de escucharlas que no puedo identificar el primer momento.
Lo que sí me quedó grabado fue el 9 de febrero, el “pre golpe”, que lo veíamos tan lejano en Montevideo y no parecía involucrarnos. A esa edad, lo que me alertó de que lo que estaba pasando era grande, fue algo intrascendente: con un amigo intentamos al otro día, sábado, ir al cine pero cambiaron las películas. Bonetti, el dueño del cine, nos explicó que no se podía entrar a la Ciudad Vieja donde estaba la distribuidora, ocupada por la Armada. Eso fue lo que nos llevó a leer diarios para tratar de entender. Todavía no se preveía que era la semilla de todo lo que se venía después.

w27TorenaDaniel Torena - Docente. Director del Museo Histórico Departamental Cte. Juan Spikerman.

Recuerdo que ese día estaba haciendo lo que, en aquella época se llamaba “preparatorio” y que vendría a ser la finalización del bachillerato actual, de Derecho, en el liceo Tomás Berreta. Estábamos con un grupo de amigos y la noticia de la suspensión de clases nos llegó por la radio. Nos enteramos de la noticia del golpe de estado y la huelga que se declaró ese mismo día. Recuerdo también que en la prensa, en los días previos, se hablaba de que se estaba preparando un golpe. Varios referentes políticos también lo venían diciendo desde algún tiempo antes. Lo que se seguía por la prensa –el tema de la Cámaras, el desafuero de Erro – fue un desencadenante de toda esta situación.
Aquel día nos enteramos del golpe cuando fuimos al liceo, aunque algo ya sabíamos de antes por la prensa. Recuerdo que el preparatorio era de tarde y ya en la mañana sabíamos lo que había pasado. La gente de la ciudad de Canelones estaba preocupada, tanto por la situación política como social y económica del país. La preocupación de la gente iba más allá del partido político al que uno pudiera pertenecer. La preocupación grande era por el mantenimiento del estilo de vida democrático, así como había mucha gente que estaba desconfiando del sistema político, algo muy grave para la democracia. Mucha gente, en aquel momento, no avizoró la trascendencia de lo que estaba en juego.

wcerr-MiguelPerezMiguel Pérez Estévez - Docente y periodista.

Aquel miércoles del frío invierno concurrí al colegio donde era docente. Ya sabía por los informativos que se había dado el golpe. Recuerdo que algunos alumnos fueron a clase. Lógicamente se suspendieron las clases. Las vacaciones de julio estaban muy cerca. Aquel día las radios irradiaban marchas militares y repetían una y otra vez que lo que se había decidido no era un golpe de estado y no había que atribuir tal intención. Yo complementaba la actividad con la cerámica. Seguí en esta tarea por la mañana. Se vivía ese día un clima de incertidumbre sobre el futuro. Y los comentarios entre la gente, la escucha de los informativos de la televisión y la radio, para saber cómo seguiría todo. Aquel día fue muy distinto.

w27EnriquezXosé de Enríquez - Escritor, investigador y periodista.

Amanece. Interior.

Fue una noche con sobresaltos, y nada de lo que pueda ocurrir nos asombrará. Desde mis quince años estrenados tres meses antes, miro a la calle con expectativa. La radio no cesa de propalar música militar. Mi viejo se ha levantado a las tres de la madrugada, como siempre, para ir a abrir el café. Sus palabras a la hora de la cena, flotan en la mañana de este miércoles 27 de junio: “Pensé que nunca más iba a vivir otra guerra”

Amanece. Exterior.

El corredor hacia la puerta de calle aún está oscuro. La calle aún está oscura, el sol está lento. Se oyen sirenas. Mi hermano y yo nos abrigamos y salimos a paso ligero en dirección a la Facultad de Química, tal como estaba convenido. El aire frío de la mañana no trae buenos augurios. En veinte cuadras casi no cruzamos transeúntes. La Facultad ya está ocupada. En el portón: “Liceo 17, regional Carlos Flores”. Nos franquean la entrada.

Exterior. Día.

Toda la mañana volanteando en la Avenida Gral. Flores, escapando para el edificio de Química cuando escuchamos las sirenas. Pasado el mediodía, pizzas del Alcalá. Se refuerzan las guardias en las ventanas y en la azotea de la facultad. Hasta el final de la tarde recorremos las fábricas ocupadas de la zona, Alpargatas, Frigorífico Modelo, Conaprole… Esquivando “roperos”, “guanacos”, “camellos” y “chanchitas”. No tenemos consciencia del peligro, algo nos dice que tenemos que comparecer.

Interior. Noche.

El golpe de estado se instaló. El día es largo. En la fábrica Alpargatas está pronto el guiso. Hace frío. Son las diez de la noche. De nuestro grupo nadie cayó preso. Suena una guitarra. Un compañero nos informa que andan muchos ómnibus conducidos por los patrones. “Vamos a tener que hacer algo”. Cerca de medianoche se acallan todas las voces, en algún lugar de la fábrica se oye apenas una radio. Alguien dice la última frase de la jornada: “Vamos a descansar compañeros… esto va pa’ largo”. Demoro en dormirme, pienso en mis viejos, en la Guerra Civil Española… Aquí, en mi patria, también comenzaron a tañer “las campanas de arsénico y el humo”.

Fundido encadenado.

27EstramilRaúl Estramil - Alcalde del municipio de Santa Lucía.

“Yo era alumno del curso de Carpintería de UTU en Santa Lucía, al que concurría desde Rincón de Velázquez, en Santa Lucía rural. Cuando ingresé al curso, en el año 1971, ya estaban instrumentadas las Medidas Prontas de Seguridad. La UTU era un lugar muy visitado por personal del Ejército, más que la policía, porque allí habían profesores que eran perseguidos. Recuerdo que uno de ellos era Carlos Alfredo Rodríguez, hijo de la entonces directora Amalia Mercader, que vivía en el mismo edificio de la UTU, en el primer piso del Palacio.
En la etapa anterior al 27 de junio de 1973, se registraron varias persecuciones y allanamientos en la ciudad de Santa Lucía; algunos de los detenidos eran trasladados al cuartel de San Ramón. El mecanismo que, como estudiantes, teníamos para protestar era marchar desde la UTU hasta la comisaría. En algunas oportunidades, los agentes nos decían que nos fuéramos. Luego marchábamos por la calle Rivera hacia la Plaza y cantábamos el Himno Nacional frente al monumento de Artigas. A partir de aquel 27 de junio, recordamos que comenzaron a caer las instituciones, la UTU donde yo estudiaba fue intervenida, se nombró otro director. En nuestra ciudad, algunos familiares fueron detenidos y otros emigraron hacia otros países. Dos primos míos se fueron para Argentina.

w27Falero (CORTAR CARA)Wilson Falero – Obrero de la vida (como todos)

Era junio y hacía frío.
La noche del 26 había un silencio duro, sepulcral.
El aire se comía a bocados.
El rumor de golpe se venía rumiando desde lejos…
Ya lo habían dado el 9 de febrero; solo faltaba la estocada final.
Hacia 6 años que vivíamos en Montevideo, seguíamos extrañando los aires canarios…
Cuando llegó la noticia de la disolución del Parlamento, mi madre tomó su bolso, mi hermano tomó el suyo y marcharon. Mi madre para su frigorífico, mi hermano para su cooperativa de AFE. Iban a la huelga, a la ocupación del lugar de trabajo. La dictadura cívico-militar, nació sin base social. Nació guacha. Bueno es recordarlo. Habíamos escuchado en la radio, el brillante discurso de Ferreira Aldunate y el del zapatero Enrique Rodríguez. El Parlamento se cerró. Paradójicamente, desde la radio, Gardel cantaba…”Yo sé que ahora vendrán caras extrañas…”

wDSCN8012Julio Britos Bide - Fundador y ex director del diario HOY CANELONES.

Transcurría la huelga general por el golpe de estado. En ese entonces trabajaba en el Banco de Seguros del Estado como auxiliar primero, pero como se había jubilado el Gerente (Jefe de Sucursal se le decía entonces), yo había quedado a cargo de la misma. Citado por la Comisaría concurrí a la Primera. Allí, el comisario, un ex compañero de tareas hacía más de veinte años, en la “Mesa de Tiempo” del Frigorífico Miguel Ameglio, me informó que había recibido órdenes de sus superiores para que hiciera abrir la Sucursal de inmediato. Al negarme, me envió al patio, donde estuve varias horas de plantón para que lo pensara.
Algún día después me encontré en el Club Social con un colega y gran amigo que me aconsejó y me convenció para que reconsiderara la actitud, ya que al impedir que trabajara la sucursal, seguramente mi familia (éramos seis los integrantes), perdería su principal fuente de ingresos.

 

 

w27ValdezJulio Valdez - Músico y cantor.

Tengo recuerdos muy contradictorios. Me acuerdo de la noche anterior, en el Comité 18 de Julio de Sta. Lucía. Nos decían desde la cúpula que los militares eran buenos y que el golpe era bueno. Recuerdo que la discusión duró hasta la madrugada. Muchos no aceptábamos un golpe de estado y otros apoyaban, y terminamos todos confundidos, creyendo que eran peruanistas y repetíamos los que las cúpulas decían, pensando que era un quiebre institucional. Realmente nos cagaron la vida, nos comieron la juventud y nos engañaron todos, nos dejamos engañar todos, y hoy veo que hay mucha hipocresía. Hoy hay perseguidos que nunca me había imaginado que habían sido perseguidos. Hoy veo que algunos cobran una jubilación que les vino de “perilla”, con pergaminos que nunca me imaginé. Hoy estoy más confundido que aquel día, he llegado a pensar que yo no estaba aquí, que nunca me detuvieron y que nunca me allanaron la casa. Tengo recuerdos muy vagos de aquel 27 de junio, pero no me olvidé de los siguientes doce años, y no termino de sorprenderme con lo que veo día a día. Estas líneas se las dije a Pablo, mi hijo mayor, cuando compartimos el primer vasito de vino, por sus trece, catorce o quince años, palabras más palabras menos:

Con un vasito de vino

Si como dicen los viejos,
somos hijos del destino,
debiéramos conformarnos
con estar en el camino.
Nada ha sido suficiente
para cambiar el destino,
ni los sueños de tu madre,
de los otros, de los míos.

Pero yo quiero que sepas,
esta noche hijo mío,
(si me permites te sirvo
otro vasito de vino),
que quiero que conversemos,
que para mí no es lo mismo,
y la historia que nos cuentan
no es aquella que vivimos.

Yo nací en un momento,
tal vez no fui precavido,
pero tu abuelo, mi padre,
debería decidirlo.
Dicen que hubo una guerra,
dicen que fuimos testigos,
y dicen que deberíamos
no repetir el camino.

Yo creo que lo que hubo
fue abuso, despotismo,
y creo que solamente
a los que sobrevivimos
nos encargan la tarea
de recordar, no hay olvido
y mucho menos perdón,
para tantos asesinos.
(1987)

wIMG_9720Omar Rodríguez - Alcalde del municipio de Ciudad de la Costa.

“Mi recuerdo más destacado de aquel entonces, con 17 años por cumplir los 18, con militancia estudiantil y trabajando, fue el inmediato rechazo al golpe de estado. Recuerdo que esa mañana, mientras los comunicados se hacían oír, los tanques circulaban por las calles. Poco a poco, con incertidumbre, algo de temor, pero firmes, nos íbamos poniendo en contacto y juntando con compañeros para ocupar los centros de estudio, al igual que los trabajadores lo hacían en sus centros de trabajo. Pues esa misma madrugada, el secretariado de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT) y el Movimiento Estudiantil, daba inicio a la huelga general.
Hoy, a cuarenta años de aquel momento, me permito convocar a todos los ciudadanos a defender por siempre y para siempre las instituciones y la democracia, que tanto nos costó recuperar.”

Compilación y notas:
Martín Bentancor